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viernes, 19 de octubre de 2012

LA PUERTA DEL INFIERNO

La Puerta del Infierno


Con ocho años tan solo
Y el mundo por desvelar
Los mayores te deslumbran
Con no muchos años más.
Escuchas sus cuchicheos
Sus secretos al azar
Y por azar tú te enteras
De lo que a edades tempranas
No te tienes que enterar.
Escuchas que con las niñas
Tu cuerpo has de juntar,
Algo que sube al cielo
Que mucho te hará gozar
Y tu pequeño no entiendes
Qué cosa puede pasar
Por mucho que el cuerpo juntes
Al de una niña al azar.

Los calores del verano
Te llevan a dormitar
A la hora de la siesta
Con tu hermana, sin pensar
Que tu cuerpo resucita
Y te lleva, siesta maldita
A arrimarte a tu hermana
Aunque solo cinco años
Tenga la niña, no más.
El instinto te conduce,
Y a la niña llevas ya
Del jardín, a un apartado
Donde poder probar
Qué clase de cielo es ese
El que se puede alcanzar
Juntando su piel a tu piel
Sin saber cómo empezar.
Más sintiendo pujar el cuerpo
Y no saberlo explicar
La niña se queja airada,
No le gusta ese jugar
Y la madre que aparece
Gesto adusto, mano recia
¿Qué manera es esa de jugar?

Y al niño de corta edad
Los gritos de madre asustan,
No sabe que ha de pasar;
Se espera una reprimenda
Por algo que ha de estar mal
Pero no viene la regañina,
No entiende que es ese mal
Y a su cuarto le recluyen
Hasta que padre pueda llegar.

Y así transcurren las horas
Día y noche pasan ya
Hasta que el padre se acerca
Al cuarto a castigar
Lo que debe ser un pecado
Un pecado que purgar
A base de una paliza
Con la fusta, y atizar
Hasta que el niño rendido
Sin conciencia ha de quedar.

Pasan los días y días
Encamado y sin llorar
Aliviado nada más
Por la niñera que viene
A quererme consolar,
Y a la semana justa
Se me manda levantar
Y bajar al comedor
Para con la familia estar.
Allí se me comunica,
Entre bocado y bocado
Que por mis muchos pecados
Y de la disciplina gozar
Se me manda interno a un sitio
Donde me van a enseñar
A comportarme como  deba
Un niño de comportar.

Tras pasar aquella puerta
Sin saber dónde ir a entrar
No pasaron ni diez días
Hasta que hube de saber
Que aquello no era un colegio,
Era un infierno ardoroso
En el que durante tres,
Interminables tres años
El niño que entró con  nueve
Juguete en manos  mayores
Le marcaron para siempre
Y a día de hoy es difícil
Recordarlo sin llorar.

19.10.12

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