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domingo, 14 de octubre de 2012

ANA Y LAS CIGÜEÑAS I

Ana y las Cigüeñas I


Desde dónde nos encontrábamos, tan a gusto, podíamos disfrutar, a tope, del grandioso espectáculo que se ofrecía ante nosotros. Parecía mentira que ese inmenso globo rojo se marchase día tras día para regresar a calentarnos por el punto opuesto. Siempre me ensimismaba ese misterio, no solo nos dejaba sin luz, sino que el calor, dejaba paso al frío, tan desagradable, cada vez que aquello sucedía. Menos mal, pensaba, que tengo la impresión de que cada vez que le toca dejarse engullir por las montañas lo hace un poco más tarde; con un poco de suerte, llegará el momento en que no nos abandone y podamos disfrutar de su luz y calor de forma permanente. Aunque claro, si no nos deja en penumbra nunca, ¿cuándo dormiremos?. Me asusté al llegar a este punto, ¡sin dormir!; a mi madre siempre le costaba, cuando yo era una criaturita chica, que cerrase los párpados y me acurrucase hasta la alborada, ¡pero ahora...!, vamos, que estaba acostumbrado, y aunque desde aquel viaje tan largo que tuvimos que hacer, hasta llegar a este sitio, nunca me había cansado realmente, le había cogido el tranquillo a la noche, además, todos nuestros vecinos dormían y no iba a quedarme despierto yo. Por cierto, ya casi ni me acuerdo, ¡que agotamiento de viaje!, ¡qué largo..., y sin parar!; yo pensaba que mis padres se habían vuelto locos.
-Pero si aquí estamos divinamente, ¿por qué irse ahora?
-Mira Ue, eres chico y no lo vas a entender. Cuando seas mayor lo comprenderás todo. Además, ya va haciendo frío, ¿no lo sientes?. Llegará el día en que sin darte cuenta, tú solo, y sin saber exactamente porqué, emprenderás el vuelo conociendo sin conocer el destino, pero llegando a dónde, sin saberlo, sabes que tienes que llegar.
-Mamá, ¡por favor!, ¿qué galimatías es ese?, ya conocemos el sitio, la gente nos quiere y nos respeta, siempre os lo he oído decir a los dos, ¿a que sí papá?, hay comida de sobra y si hace más de frío de la cuenta nos acurrucamos los tres y unas jornadas se pasan de cualquier manera.
-No pienso discutir contigo Ue, nos vamos y nos vamos. Díselo tu Cig, que siempre tengo que ser yo la que diga que no y al final tu eres el bueno.
-Ña, cariño, no hay porque discutir, cuando nos tengamos que ir nos vamos y si Ue quiere quedarse, allá él. Vamos a ver Ue, ¿alguna vez te hemos fallado?, ¿te ha faltado algo cuando tú aún no estabas en condiciones de conseguirlo?, confía en tus padres que solo queremos lo mejor para tí, igual que tus abuelos buscaban sólo lo mejor para nosotros. Cuando tú puedas vivir solo y no estemos nosotros, tendrás que confiar en tu instinto, que es el nuestro, pero por ahora tendrás que dejarte llevar. Te voy a confiar un secreto, nadie, absolutamente nadie, te podrá explicar la razón por la que de repente, un día, tenemos la necesidad imperiosa de marcharnos, pero el hecho, que se repite año tras año, desde siempre, es que nos vamos, y esta vez no va a ser la excepción. ¿No te has percatado que los días se acortan, que los vientos se aceran, que los árboles se desnudan, que la atmósfera se aligera?. Nos tenemos que ir.
¡Es cierto!, no siempre habíamos vivido aquí. Ahora voy recordando, claro, yo era un polluelo, y ha pasado el tiempo. Es como entre nubes, pero voy haciendo memoria..., pero no, no, en realidad no tengo más que pinceladas, bueno me acuerdo de aquella inmensidad de agua, que me daba pavor, nunca se acababa y no había dónde parar, a costa de lo que fuese, era menester seguir. Yo contemplaba a mis padres impávidos, determinados a llegar.
-Bueno, y ¿falta mucho?. Estoy cansado. ¡Cuánto mejor no habríamos estado quedándonos en casa!.
-No malgastes fuerzas Ue y sigue. Si nosotros pudimos en su momento, tu también podrás. Y que lo sepas, nuestra casa es dónde estemos nosotros, porque sin nosotros no hay casa que valga por muy cómoda y bonita que sea.
-Calla  Ña, sigue y no le contemples tanto. Demásiado sabes que llegamos siempre a lo justo de energías, no podemos permitirnos ni una frivolidad.
Yo creo que fue aquella niebla la que me dio aún más alas. Yo estaba ya dispuesto a forzar la broma hasta el final y a buscar un apartadero y quedarme a descansar. Estaba más que seguro que ninguno de los dos me iban a dejar tirado y que en cuanto derivase y me alejara,  de consuno iban a seguir mi rumbo. Pero de repente me vi envuelto, vamos nos vimos todos los que íbamos, que no se yo porqué encima el viajecito había que hacerlo en comandita, nos vimos envueltos digo, en una niebla que más que niebla era algodón espeso. Me vi solo, absolutamente solo y me entró terror pánico, no escuchaba nada a mi alrededor, pero creo que por el mismo miedo, que sólo me dejaba oír el trote ligero de mi corazón. Aminoré el paso y me puse al pairo esperando que serían mis padres los que alarmados se interesarían por mi búsqueda y finalmente me encontrarían. Pero pasaba el tiempo y yo seguía solo. ¿Qué hacer?. No sabría decir que pasó, pero sin saber cómo, reemprendí la marcha. Sin saber porqué, tomaba un determinado rumbo y no cualquier otro, la zozobra se me diluyó como el sol cada atardecer en la laguna y raramente seguro de mí mismo continué, extrañado de sentirme seguro de mi sentido, ¿cómo era el galimatías de mi madre?. De súbito aquella lana blanca, impoluta, quedó atrás y pasmado pude comprobar cómo estaban allí mis padres, un poco más lejos, de acuerdo, pero allí y no lo suficientemente lejos como para no poder observar una sonrisilla de condescendencia en sus rostros. Con un gesto inequívoco de cabeza, mi padre me invitó a acercarme para continuar bien juntos. Se me había quitado el cansancio y alegre y resuelto me dispuse a continuar hasta dónde hiciese falta.
Sí recuerdo de mi antigua tierra, una zona deslumbrante de blanco rodeada de un mar verde,(cada año más pequeño, me dijeron mis padres) y mucha, mucha gente, que inequívocamente acudía al amor del calor que despedía la magnifica bola restallante de brillo..., brillo que se reflejaba en un gran espejo de plata enmarcado magníficamente en oro límpido dónde se arremolinaban gentes para mirarse en el espejo, supongo; eso deduje yo cuando mis padres me llevaron a verlo y poco más, bueno, mi confortable casa, dónde nací. ¡Con qué amor la erigieron mis padres y qué cómoda!. Espero que siguiese allí cuando volviésemos.

---o---

-Mamá,  cómprame una chuche.
-Ahora no Anita, a la vuelta, luego llego a la plaza tarde y lo que queda es el rebusco, el pescado que nadie quiere.
-Mamá,
-Qué,
-Un chicle nada más.
-Anita, hija qué plomo eres, ¿no te he dicho que no, que luego?.
-¡Pero si pasamos por la Alameda Lora!, en el Merca, si es sólo un momento.
-¡Qué terca eres!, anda, por no escucharte, ¡cómo no quede pescado te vas a enterar, niña!.
-Mamá,
¡Qué, qué!, ya está bien, ¡sí vamos ya!, ¿qué quieres, ahora.?
-No, nada, es que ya no están.
-¿Quienes no están?, ¿qué dices, niña?.
-Que se han ido las cigüeñas y no han vuelto. Hace ya tres días que no las veo.
-Claro, Anita, claro que se han ido. Siempre se van más o menos cuando comenzáis el curso y luego vuelven cuando va llegando el buen tiempo. Muchas veces para carnavales ya están aquí. Y hay años que no se van.
-¿Por qué?.
-No sé hija.
-Es que tenían un hijo y era muy gracioso cuando asomaba el pico por fuera del nido. Me gustan las cigüeñas.
¿Pero vuelven siempre al mismo sitio?
-Anita hija, luego se lo preguntas a tu padre, yo no lo sé. Venga, cómprate el chicle y vamos a la plaza que es muy tarde ya.

---o---

A punto de extinguirse la dulce luz del crepúsculo mis padres iniciaron su habitual conversación vespertina que en esta ocasión me produjo un inesperado interés.
-Cig, ya nos queda poco, creo yo, los días se alargan y el ambiente se empieza a cargar; el sitio este se empequeñece día a día, cada vez hay menos agua y parecemos gusanos enlatados, vamos estando incómodos, además, cariño, me empieza a traspasar esa punzada de siempre y no me falla, queda poco.
-Si Ña, ya será pronto, pero no es inmediato. He hablado con el consejo esta mañana y por lo que se ve, este año se demorará unas semanas más.
-El consejo dirá lo que quiera, pero cuando Ña siente la punzada,  no hay duda.
-Papá ¿qué es eso de la punzada de mamá?, ¿está mala?. ¿Qué es el consejo?, ¿qué te ha dicho el consejo?, ¿es muy grande un consejo?.
-Bueno, bueno, Ue qué de preguntas. Primero, mamá no está mala, lo que ella llama punzada no es más que una especie de presentimiento, un pálpito, una corazonada que ella llama punzada porque le atraviesa de parte a parte, convenciéndola, sin rastro de duda, de que lo que se le presenta es más real que el agua que nos permite vivir, dónde buscamos comida y nos alimentamos. Y luego, un consejo no es una cosa, es una reunión de los miembros más sabios de la comunidad, que deciden qué hacemos todos para mejor defender nuestra integridad como grupo...
-¿Tú eres de ese consejo, verdad?
-Déjame acabar Ue, no seas impaciente. El consejo toma decisiones que nos benefician a todos aunque algunos se sientan perjudicados, pero el bien común está por encima de cualquier otro interés por muy legítimo que parezca.
-Bueno, ¿ pero tú eres del consejo?, tú eres muy sabio, ¿a que sí mamá, a que sí?.
-Sí cariño, papá es muy sabio pero aún no es lo suficientemente viejo para formar parte del consejo, todo llegará, algún día. Bien sabe la gran Cigüeña que a mí no me gustaría, es mucha responsabilidad, pero será lo que tenga que ser. Su padre y su abuelo ya lo fueron y cuando llegue el momento si tú demuestras el temple y la nobleza propia de la familia para ponerse al servicio de todos, también formarás parte de un consejo, y repito que no me gusta la idea, mucha responsabilidad, mucha responsabilidad.
Enterarme que mi padre no formaba parte de aquel consejo, del que nunca había oído hablar, me produjo una profunda desilusión. Daba por descontado que mi padre era imprescindible, lo sabía todo, lo solucionaba todo y tenía compostura para cualquier asunto por intrincado que fuera. Que prescindiesen de él me parecía un desperdicio imperdonable, ellos se lo perdían. Resignado continué.
-De acuerdo, pero aunque no formes parte del consejo ese, ¿qué te dijeron?.
-Ya lo sabes Ue, lo he dicho antes, que nuestra partida no es inminente.
-Y yo te digo que no Cig, sí es inminente, y no hay más que hablar.
-¿Pero qué es eso de la partida?, ¿es que nos vamos?, ¿otra vez?. Y ¿dónde?, papá, mamá, ¿dónde?. Yo no tengo ganas de irme otra vez. ¿por qué?.
-Es muy tarde ya, vamos, a dormir. Ya está bien de preguntas. Deja a tu padre en paz que bastantes cosas tiene él en la cabeza. No empecemos otra vez como hace seis meses, además, lo quieras o no, cuando digamos de irnos, tendrás que seguirnos. Se acabó. Y..., bueno, entérate de una vez, ya eres mayorcito para anidar solo, te lo hemos enseñado todo y en cuanto regresemos tendrás que buscarte la vida y formar tu familia, nuestro protagonismo en tu vida toca a su fin. Nuestra vida es esta, movernos con las estaciones huyendo del frío y el calor excesivo.
Aquella noche no pude dormir bien. Recordaba con pesar y temor aquella larga travesía al termino de la cual quedé exhausto, en los huesos, me dolían las alas y me costó un imperio poderlas plegar cuando llegamos al embalse del que ahora, en breve, nos íbamos a despedir. Era bonito el nido, allá en lo alto de aquella torre pero también lo era aquel lago con sus márgenes llenas de juncos y papiros, en todos los tonos de verde y el suelo era un autentico cuerno de la abundancia, comida para reventar, ¡qué placidez!. Mis padres habían construido un nido mejor, si cabe aún, que el otro, la temperatura suave y el aire cálido sin llegar a ser agobiante, una delicia. Y ahora vuelta a marcharse y para colmo tener que independizarme. ¡Claro! Por eso mi amiga Gog tenía tanto interés por saber dónde pasaba mi familia el estiaje. Era muy bonita y encima siempre me estaba alabando el plumaje, le admiraba mi pico, tan largo y tan recto y el sonido a castañuela que con él hacía, decía que le ponía a temblar hasta la ultima remera. No tenía idea de porqué, pero últimamente sólo me apetecía entrechocar el pico, encontraba en ello un delicioso placer. El hincapié que estaba haciendo siempre en si me había fijado bien en cómo se construía un nido sólido, porque a ella su madre le tenía bien instruida, era siempre el tema al que derivaba cualquier conversación. Sí, tanto mi padre como mi madre, me habían repetido hasta la saciedad, la mejor forma de elegir un buen sitio, bien orientado para mejor defensa de vientos dominantes  y dónde encontrar los mejores materiales. ¡Ah! Ahora me acuerdo que pocos días antes de empezar el viajecito de  marras, mis padres se empeñaron en que intentase reparar el nido a ver qué tal aplicaba los conocimientos adquiridos, y por cierto que me salía bien. Fueron mis primeros vuelos en solitario, dónde antes les acompañé a ellos para coger ramitas, broza y materiales del estilo y lo hice de maravilla o eso se encargaba de ensalzar mi madre mientras mi padre guardaba un silencio grave y adusto.
-Cig, qué trabajito te cuesta decirle al chico que lo hace bien, eso no es forma de estimularle.
-Mira Ña, no hace más que lo que es su obligación, que se vaya acostumbrando, dentro de dos días lo tendrá que hacer él solito y no habrá nadie a su lado para jalearle. La mejor forma de producir pedantes y estúpidos es aplaudirles por hacer lo que no es sino su obligación, después se creen que son algo especial, tiene que acostumbrarse a considerar normal lo que no es nada extraordinario. Si algún día se ve envuelto en una heroicidad ya tendrá un pelota al lado dispuesto a ensalzarle para robarle la gloria en cuanto se descuide.
¡Entonces, era eso!. Gog estaba al cabo de la calle y venía flechada por mí y yo sin saber de la misa la media. Sí, desde luego me sentía capacitado para construir un buen nido y Gog se notaba que también sabría desenvolverse y entre los dos..., ella parecía sana y capaz de poner como mínimo dos huevos. No, no me desagradaba la idea de hacer collera con ella. Ya no me resultaba tan cuesta arriba tener que salir volando dentro de nada. En cuanto alborease me acercaría y la invitaría a volar conmigo en el gran viaje, llegaríamos los dos juntos dónde mis padres y buscaríamos una buena torre; tendríamos el nido más bonito de toda la colonia.
Los primeros dardos de luz y calor hirieron el plato estático de la charca y me sacaron del sueño justo en el instante en que volaba alto, muy alto, con Gog, en un cielo puro y cristalino, casi nos rozábamos la remeras de nuestras alas mientras ella me reconvenía porque si chocábamos en el aire podíamos caer; yo me divertía acercándome cada vez más sintiendo como el viento apartaba el plumón de mi quilla haciéndome cosquillas en la pechuga, era feliz navegando junto a ella y me percataba, de que a pesar de sus protestas, ella lo era igualmente estando cerca de mí.
Abrí los ojos y mientras estiraba mis alas y mis patas alternativamente, desperezándome, pude comprobar como el resto de la colonia amanecía. Estiré el cuello para localizar a Gog por el sitio que su familia solía ocupar pero no conseguí verla, me impacienté y alargué aún más la vista, nada, no aparecía. Me di la vuelta nervioso reclamando el cobijo y el consuelo de mi madre Ña.
-¡Mamá!.
-Hola Ue, qué buscabas con tanto ahínco, si llegas a estirar un poco más el cuello te habrían confundido con una jirafa.
-¡Ah!, bueno, si, no, verás, ejem, pues ya ves, no, nada, solo quería ver..., si...,
-Vamos, que me estabas buscando.
-¡No!, bueno, quiero decir..., si, en fin que quería saber...
-Ue.
-Qué, dime, Gog.
-¿Sabes que nos queda poco para volar al norte?
-El consejo dice que faltan algunas semanas. Aunque mi madre tiene una punzada.
-Ue, ¿qué tienen que ver las enfermedades de tu madre con nuestra migración?.
-Nada, ¿porqué lo dices?, ¡ah!, ya, la punzada, no, Gog, es que cuando mi madre tiene la punzada es que la marcha está cercana.
-Pues eso, antes o después nos iremos y quería saber si vas a volar con tus padres.
-De eso quería yo hablar, por eso te buscaba. Te iba a decir si querrías venir al viaje, en fin, volar cerca de nosotros. Mis padres vuelven siempre a una tierra hermosa. Yo la recuerdo vagamente pero en las tardes templadas y antes de que las sombras confundan nuestras plumás blancas con las negras mis padres hablan de ella con nostalgia. Aquí la verdad se está la mar de bien pero escuchándoles a ellos entran ganas de volver allí. Según me cuentan, hay torres y árboles centenarios inmejorables atalayas dónde crear un hogar. Incluso les he oído comentar que una vez a unos vecinos con mucha familia y un nido hecho a la medida de sus necesidades, demásiado grande para el sitio elegido, los hombres de los que tanto nos previenen los mayores, se lo apuntalaron, evitando que se despeñasen los pobres pollos que aún no habían aprendido a volar.
-¿Por qué no vuelas tu con mi familia?. Me costará separarme de los míos. Tengo otros dos hermanos, ya los conoces, cigüeñas de mejor porte no las hay en toda la colonia, mejorando lo presente y cuidan de mí como si me fuese a romper. Tú eres solo, tus padres te tienen que haber comentado ya que se deben desentender y tienes que ser tu el que inicie la aventura de comenzar; por eso deberías acompañarnos. Dónde nosotros paramos hay torres y oteros dónde poder construir el mejor de los nidos y mi plumón es espeso, ya te has dado cuenta, para revestirlo y hacerlo confortable.
-Veras Gog, se me hace difícil ahora, de momento... decidir, déjame que lo hable con mis padres. Me entristecería tener que dejarte de ver pero no estoy hecho a la idea de dejar de ver para siempre a Cig y a Ña. Sólo de mencionar sus nombres me entra ternura y me tiembla el pico. No quiero perderte a ti pero no soportaría, creo, alejarme de ellos, por lo menos así de golpe, tengo que hacerme a la idea. Ojalá la punzada de Ña sea esta vez falsa y tardemos aún en levantar el vuelo para irme acostumbrando.
-Yo voy a comentarlo también con mis padres Ue, verás como todo tiene arreglo, no sabía, de verdad, que estuvieseis tan unidos. Me gustas sabes, tu pico tan recto, con ese color tan lleno, y cuando extiendes las alas para aterrizar tienes un aspecto realmente poderoso y elegante, pero lo que me ha llamado la atención sobre todo son esas patas tuyas tan largas tan naranjas y tan distinguidas. Me gustas Ue y no dudes que haré lo que esté en mi pico para volar a tu lado, quiero empollar tus huevos y tener cigüeñinos que se parezcan a ti. Todo se arreglará, ya verás.
Gog se dirigía a su nido cuando le flanquearon su dos hermanos en pleno vuelo.
-Te gusta ese orgulloso ¿eh?, Gog
-No es ningún orgulloso y además no..., bueno, si me gusta y ¿qué?. Lo que pasa es que en cuanto alguien no es como vosotros le despreciáis, pero es muy gentil y muy educado, no como vosotros dos que sois unos gamberros y unos juerguistas siempre disgustando a mamá con vuestras faenitas. Ue, sin embargo, es todo dulzura y muy obediente a sus padres, todos en la colonia conocen a su familia y saben lo buenas cigüeñas que son.
-Escucha bien, nena, cómo se le ocurra a ese petimetre remilgado volver a revolotear cerca de ti se va enterar qué cuñados va a tener.
Ue llegaba cabizbajo a su casa lo que no paso desapercibido a Ña. No suponía que su hijo se tomáse tan a mal la inminente migración. Siempre llevaba la contraria, pero suponía ella que era achacable a su juventud, siempre intentando explorar nuevos caminos y replanteándoselo todo como mejor manera de afirmar una personalidad en desarrollo, pero esto se estaba pasando ya.
-Ue, hijo, ¿qué te pasa?, te preocupa o incomoda algo, ¿hemos hecho tu padre o yo algo que te moleste?. No me digas que estás así porque tenemos que irnos. Acostúmbrate cariño, toda nuestra vida es esta y lo seguirá siendo, un constante ir y venir.
No mamá, no es eso, al contrario, quiero irme y no se porqué me queman las patas en esta tierra ya, deseo ardientemente iniciar el viaje..., pero..., hay un problema.
-¿Un problema?
-Verás. Yo quisiera volar juntos a vosotros, alcanzar vuestra misma meta, llegar al mismo destino. Ya, ya, sé que tendré que iniciar mi andadura en solitario, pero nada me impide que sea en el mismo sitio en el que vosotros residáis, en otro nido que yo construiré, tal y como me habéis enseñado, dónde formar mi propia familia, y ese es el problema. He conocido a una cigüeña preciosa, es tan esbelta y delicada, tan sutil e inteligente y según me ha dicho sabe construir nidos muy bien, pero ella quiere que yo vuele con su familia y no sé qué hacer, no quisiera perderos, pero tampoco quiero perderla a ella.
-No te disgustes hijo. Vuela con ella y vete con su familia. No hay mayor orgullo para nosotros que saber que al fin eres mayor y vas a iniciar la búsqueda de tu propio camino, es la mayor demostración de que has asimilado nuestras enseñanzas y estás en disposición de ser un miembro de bien de nuestra comunidad. No te voy a engañar diciéndote que no te vamos a extrañar, pero elegir es renunciar y nosotros elegimos que seas independiente aunque tengamos que renunciar a tu compañía. Este año nos nacerán nuevos hijos que llenaran el vacío que tu dejas, y a ti te nacerán los tuyos que endulzaran la nostalgia que pueda quedarte de nosotros. No me gusta verte triste, anímate, esta es la aventura de la vida y de cualquier manera siempre te quedará la memoria de los momentos felices con nosotros para cuando se te presenten otros menos felices que siempre surgen en toda relación. Sin querer habrá roces y malos entendidos y vuestros cigüeñinos os sobresaltaran y disgustaran pero vuestro amor y comprensión soslayarán cualquier problema por muy grande que sea.
-¿Quién es la afortunada?.
-¡Ah!, Cig, ¿estabas ahí, cariño?, estaba hablando con el niño...
-Lo he estado escuchando. Venga, ¿quién es esa preciosa cigüeñita?
-Gog, papá.
-¿Del clan de los Glag?
-Sí, papá, creo que sí.
Entonces es hermana de esos dos gamberros y la hija de ese sinvergüenza.
-Bueno, papá, yo te hablo de Gog, si su familia es despreciable no tiene porqué ser ella una pirata. Y, ¿ por qué su padre es un sinvergüenza?, ¿qué ha hecho?, porque a los hermanos los conoce toda la colonia, son unos matones y unos chulos, pero del padre nunca había oído hablar nada.
-Tu padre tiene razón, Ue. El abuelo de Gog, era el miembro más destacado del consejo, me lo contó mi padre. Glog, el padre de Gog aprovechándose de ser hijo de quien era comunicó a determinadas familias dos días antes de la migración cuál era la fecha señalada para la partida lo que les dio dos días de adelanto para llegar a las mejores zonas de estiaje. El uso de esta información privilegiada le costo a su padre el puesto de presidente del consejo y no le supuso a Glog la expulsión de la comunidad, en vista de los servicios prestados por su padre como presidente sabio y prudente del consejo. No me extraña nada que tenga esos hijos tan maleducados. Hijo, ¿no deberías replantearte esa relación?.
A Ue se le hundió el mundo debajo de sus patas, que le palidecieron. Le gustaba mucho Gog, no, no le gustaba sólo, estaba dispuesto a perder a sus padres por ella y tener esa certeza le dolía en lo más hondo, lo que se mitigaba rememorando aquel plumaje suave, el pico sólido y delicado y aquellas alas rematadas en un negro azabache que batía con inusitada brillantez. Su mirada era aguda e inteligente y la ironía que tan certeramente aplicaba a las situaciones por complicadas que fuesen, le hacían temblar hasta sus uñas. No estaba dispuesto a dejarse llevar por dimes y diretes, lo que hiciese su padre años ha, no tenía porque afectarles a ellos.
-Lo siento, papá, mamá, no tengo intención de replantearme nada, quiero a Gog y voy a formar una familia con ella os guste o no.
Ue encaminó sus zancudos pasos en derechura al territorio del clan Glag, determinado como nunca lo había estado a cumplir sus designios, se sentía como impelido por una fuerza interior que le surgía directamente de la necesidad de estar al lado de Gog, muy junto, experimentando su calor, su suavidad, su solidaridad de amante.
-¿Dónde vas tan alterado?, parece que escapas del incendio de la pradera, o ¿intentabas escaparte de mi?.
-¡No!, qué va. Iba a buscarte, para decirte que volaré con tu familia; dónde tu vayas, allí estaré yo, a tu lado, no te creas que te vas a deshacer de mí con tanta facilidad. Si tú quieres permanecer cerca de tu clan lo comprendo, y yo me agrego y espero ser bien recibido.
-Pues yo he cambiado de opinión Ue. Lo he consultado con mi madre y ha sido ella la que me ha convencido de que una buena cigüeña debe seguir a su amor a dónde él vaya, de manera que ya está decidido, volaré junto a ti y tus padres hasta el lugar que tú estimes oportuno y ése, estoy convencida, será el lugar más maravilloso del mundo, porque tu estarás conmigo, dónde tú estés yo estaré y seré la cigüeña envidia de todas las demás porque la felicidad me rebosará por cada una de las plumás.
Ue, dio media vuelta y sin saber cómo comenzó, a entrechocar el pico con alegría y fortaleza, con una rapidez que a él mismo sorprendía. Gog no iba a comentarle nunca la conversación con sus hermanos ni que se le partía el alma el tener que abandonar a su madre que fue la que le animó a marcharse para evitar represalias de sus hermanos a los que conocía como si los hubiese empollado. Nunca supo hacer carrera de ellos y hacía tiempo que perdió toda esperanza de encauzarlos para hacer de ellos cigüeñas de bien.
Mamá tenía razón, lo cierto es que casi siempre la tenía, aunque a mi padre le jorobase. Él siempre con sus análisis razonados y razonables se veía en algunas, bastantes ocasiones, desbancado por los palpitos y punzadas varias de Ña. No habían debido transcurrir ni cuatro pérdidas por poniente del disco luminoso cuando una gran agitación atravesó la bandada. El consejo se reunió con urgencia y después de un breve intercambio de impresiones quedó diáfano que era el momento, el tiempo se acababa, había que partir. Gog se llegó precipitadamente hasta la zona del clan de Glag a despedirse de su madre y regresó a toda prisa junto a nosotros para iniciar la desbandada. El consejo, con mucho oficio había organizado hasta el mínimo detalle la salida escalonada para evitar los accidentes del atropellamiento comprensible entre quienes saben que han de irse y quieren hacerlo cuanto antes. Un aleteo constante, como para desentumecerse, atravesó la bandada completa y las patas inquietas se movían provocando, allá dónde quedaba agua, un chapoteo que parecía hacerla hervir.  Yo quería  salir ya y estiraba el cuello intentando atisbar el regreso de Gog que por mor del nerviosismo general encontraba alguna dificultad para abrirse paso hasta dónde nos encontrábamos. Finalmente la vi entre el cigüeñio histérico, ya por arrancar, avanzando con dificultad.
-Creía que no llegaba, Ue. He sentido auténtico miedo. Y menos mal que mi madre a sujetado a mis hermanos que bajo ningún concepto consentían en dejarme venir. Pero ya estoy aquí, en cuanto sea nuestro turno podremos volar juntos hasta nuestro hogar. Por cierto, ¿a dónde llegaremos?.
-No te preocupes Gog, no es lejos, es más cerca de dónde tendrán que llegar los tuyos. En cuanto atravesemos el gran agua y alcancemos tierra ya está. El sitio dónde vamos es llano y se baña en las aguas bravas de los dos mares que se abrazan y crean vida, está barrida por vientos contrarios que ayudan a mantener la tierra sana y rica, y la temperatura es magnífica. Hay abundantes bosques, a decir verdad cada vez menos, que nos suministran los materiales que necesitamos para fabricar buenos y estables nidos y por todos lados marismás, fuente inagotable de comida. Pero lo mejor de todo, lo mejor, lo mejor, son los hombres que ni nos molestan ni nos persiguen. El pueblo dónde nosotros llevamos años estiando, crece a velocidad de vértigo y tiene suficientes atalayas como para poder elegir. Cuando lleguemos, Cig y yo os ayudaremos a buscar un buen lugar y os enseñaremos cuales son los mejores sitios y los hay auténticamente preciosos. Nosotros siempre hemos recalado en una torre que forma parte de un edificio que si no es el más antiguo será de los más de la colonia. Está habitado por unas humanas vestidas enteramente de negro y cantan y tañen campanas a todas horas.
-¿Qué son campanas, señora Ña?.
-¿Campanas?. Son..., veras, como una de esas flores en forma de embudo pero hechas de un material raro y durísimo y grandísimás,  que están dando vueltas y vueltas mientras que una especie de palo dentro las golpea y provocan un ruido fuerte y agudo. Les agrada hacerlas sonar porque cada dos por tres las tocan. Nada más hacerlo y una vez han acallado su sonido fuerte y acompasado comienzan a emitir unos cantos con voz aguda y melódica que se prolongan durante mucho recorrido de la bola que calienta y alumbra.
-Les llaman religiosas Ña, amor mío y son hembras que consienten en no emparejarse nunca por el gran amor que profesan a su intimidad y al canto. Prefieren no tener cría con tal de que nadie discuta con ellas porque es que además, no hablan si no es para cantar.
-Cig, amor, cuanto sabes, me extraña que aunque no tengas la edad no seas miembro del consejo. Bueno Gog, continuando con lo mismo, esa torre se mira en un gran espacio abierto dónde juegan crías de humano y se reúnen como para consejo aparte de todos los que con gran celeridad van y vienen como si estuviesen en permanente alerta ante una migración, pero, curioso, nunca se van, viven en una especie de nidos que cierran por arriba porque no les debe sentar bien mojarse, en cuanto llueve corren a refugiarse en una de esas cuevas o como les quieras llamar que se hacen con trozos de piedra. Tienen que tener el don de ver en la oscuridad para poderse mover por dentro, pues aunque les hacen unos agujeros en las paredes no debe ser mucha la luz que entre y cuando la gran bola se escapa por el horizonte nada de nada, no sé. En fin Gog de cualquier forma ya lo verás, es un sitio precioso.
-No confundas a la chica Ña. Recuerda que el humano domina el fuego y por lo tanto la luz, a su antojo, de forma que de noche lo encienden dentro de esas cuevas para alumbrar y calentarse. El que domina el fuego, Gog, tiene poder sobre la vida y la muerte y ese es el humano, que puede poner muerte dónde hay vida y vida dónde muerte, como el fuego que domeña.
-¿O sea, que el humano es capaz de hacer levantarse a la cigüeña que dobla sus largas patas y ya no abre los ojos y es incapaz de moverse y mucho menos de volar?.
-No Gog. Me refiero que allí dónde nosotras moriríamos de frío el humano con el fuego conserva la vida calentándose. Y que allí dónde hay vida el hombre descuidado puede provocar el gran fuego que lo arrasa todo y aún así, en esa acción de muerte está el germen de la vida pues las cenizas son inmejorable lecho para asiento y medro de las semillas que el viento arrastra.
Mi padre sin previo aviso, levantó el pico con presteza, nos hizo una señal con la cabeza y echó a correr para coger impulso y finalmente, desplegando sus alas y batiéndolas con energía colgarse del aire y remontar en altura haciéndose cada vez más pequeño. Mi madre con un decidido “¡vamos!” pescó carrera y Gog y yo hicimos lo propio encontrándonos al poco sintiendo la suave brisa acariciándonos las alas. Mi padre volando bien alto, en círculos, esperando a que llegásemos a su altura, ya nos saludaba a medida que nos acercábamos y con un festivo ”¡seguidme!”, emprendimos el vuelo.
Ya estábamos en camino. A derecha, izquierda, delante y detrás se veía una muchedumbre volando en formación. Los jefes de grupo en cabeza señalando el camino correcto y el resto detrás formando una señal que apuntaba resuelta a nuestro destino. En  la migración para la invernada, yo estaba preocupado y contrariado por el abandono del que hasta entonces había sido mi hogar y más pendiente de mis pequeños problemás que de la grandiosidad de lo que formaba parte; no me enteré absolutamente de nada. Ahora, no. Ahora me sentía feliz de volar en compañía de mi familia, observando y recreándome en la belleza del espectáculo de miles de mis congéneres empeñados en un objetivo común, por encima de rencillas y diferencias de opinión. Cubríamos con nuestra diáspora todo el cielo hasta dónde yo podía alcanzar con la vista y me sentía orgulloso de ser cigüeña. A toda esta alegría se unía ahora el que Gog volaba a mi lado, mirándome a hurtadillas, embelesada, me parecía a mi, con mi majestuoso y vibrante batir de alas y que no se me caía de la cabeza el sitio hermoso en el que finalmente recalaríamos; ese lugar cerca del mar dónde cada año éramos tan bien recibidas, no tanto por ser nosotras, sino porque siempre fuimos los heraldos del tiempo bonancible y templado que tanto gusta a todos los seres vivos, porque la naturaleza despierta y se apresta a dar de sí lo mejor que tiene para solaz del que lo quiera aprovechar y sin pedir a cambio más que respeto por esa longanimidad y desinterés con que la naturaleza lo viene haciendo todo desde siempre.
-Ue, me estoy cansando mucho, no se si podré aguantar el ritmo que tu padre impone, te veo a ti tan firme y seguro que parece que no te cuesta avanzar y yo desfallezco.
-Planea Gog, voy a acercarme a mi padre, que busque una de esas corrientes ascendentes que te empujan y de esa forma poder descansar.
¡Papá!, Gog se está cansando demásiado. ¿Podrías buscar una corriente ascendente para que repose un poco y recupere fuerzas?.
-Dile a Gog que aguante. Queda un corto trecho hasta una zona de descanso con un chorro de aire que nos empujará sin esfuerzo y nos ahorrará a todos energías, para poder después emplearlas en penetrar del mar a la tierra. Que no desista.
-Gog, amor mío, me ha dicho mi padre que un pequeño esfuerzo más y nos veremos impelidos sin esfuerzo adelante por un chorro de aire potente que él ya conoce de otras migraciones y nos dará resuello para después poder volar con fuerza salvando la barrera de costa. Y de cualquier manera una vez avistada la costa habremos llegado.
Era la primera vez desde que habían intimado que Gog escuchaba esas palabras en pico de Ue. “Amor mío”. Gog se estremeció hasta la molleja al oírle, sintió que los latidos de su corazón se aceleraban y que el cansancio dejaba paso al entusiasmo permitiéndole mover sus alas con facilidad y ligereza. Fijó los ojos en él con tal fuego que Ue fue incapaz de sostenerle la mirada apartándola con timidez tal que provocó en Gog una sensación de ternura que no había sentido desde que saliendo del cascarón, su madre la acomodó entre el plumón de su pechuga.
-No te preocupes Ue, ahora sería capaz de seguir volando junto a ti hasta el confín del universo y todavía me sobrarían fuerzas para comerte a besos.
-¿Porqué dices eso?
-Te has percatado que has dicho “amor mío”. Desde que te conocí mis sueños estaban siempre presididos por un Ue romántico susurrándome al oído esa frase en lo alto del árbol más alto del mundo, dueños los dos de toda nuestra existencia y dispuestos a terminar  nuestros días en un lugar templado en el que sacar adelante a nuestros pollos sin las incomodidades de la migración. Dónde hubiese comida suficiente y suficiente material para tener el nido más bonito del mundo en la torre más alta desde dónde contemplar la belleza de la creación. Nunca pude imaginar que lo escucharía de tu pico en estas circunstancias. Te quiero Ue.
Con esta última frase sintieron un empuje firme en la cola que les redimió del cansado aleteo y con las alas bien extendidas se dejaron llevar por el impulso insinuando nada  más que unos leves y elegantes movimientos para no perder el rumbo que inexcusablemente les llevaban hasta una fina línea en la lejanía que dibujaba un horizonte prometedor de una vida feliz en compañía de su pareja.
A medida que se acercaban a tierra, lo que en un principio era solo una línea más o menos recta, fue adoptando formás más y más definidas. Empezaban a insinuarse las copas de los pinos que daban la impresión de enraizarse directamente en la superficie del mar recortados contra un cielo más azul del que a medida que llegaban iban dejando atrás. Por encima de los pinos comenzó a resaltar una forma curva perfecta que crecía como si fuese la luna de verano asomándose al horizonte cuanto más cerca de la tierra se estaba.
-Ue, ¿qué es aquello que sobresale de los árboles y refleja el sol de esa manera?.
-No sé. Se lo preguntaremos a mi padre.
Papá, Gog quiere saber, y yo también, qué es aquello tan redondo que se va viendo en la lejanía, tras de la línea de árboles. Es muy blanco y refleja el sol extraordinariamente.
-Si hijo. Es una de esas cuevas que se construyen los humanos en la que tiene que vivir alguien muy viejo, con una familia larga, porque constantemente van y viene muchas gentes que serán del mismo clan, supongo, y se acercan a saludar al presidente de su consejo. Tiene que ser alguien principal porque es la cueva construida en la zona más alta de la colonia  desde dónde se domina tierra y mar y se alcanza a ver en los días sin bruma otra colonia de humanos encaramada en lo alto de un monte. Cuando estemos instalados os llevaré a conocerlo. En cierta ocasión escuché a un miembro del consejo que también estiába dónde nosotros, que allí vivía una hembra de gran merito entre los humanos, ya mayor, con su hija. Cuando nos acerquemos, verás  que la cueva ésta tiene un gran patio delante con un humano encaramado a un plinto que permanece hierático e impenitente todos los días, es muy pálido, como si estuviese enfermo,  pero de gran voluntad pues consume su vida en esa actividad, no fallando ni un día. No sé si cuando vengan las lluvias, será tan poco amigo del agua como el resto de los humanos y se bajará para refugiarse en la cueva que tiene a su espalda. De cualquier forma es lo primero que se avista llegando a tierra desde dónde nosotros venimos y alegra la vista porque se sabe que ya se ha llegado y los peligros del viaje conjurados, se desvanecen como la niebla herida  bajo los rayos del sol.

---o---

-Anita, vamos, que luego se hace tarde y tenemos que volver temprano para ponerle de comer a tu padre.
-Espera mamá estoy acabando la tarea.
-Luego la acabas, hija, venga, vamos.
-¿Tenemos que subir andando?
-Sí, Ana, sí, hay que ir andando, si no, no tiene merito.
Pasando por la puerta del ambulatorio Anita se fijó en la torre de la iglesia del Nazareno.
-¡Mamá, mamá, están allí arriba. Ya han llegado. Míralas, ¡que bonitas!, el año pasado estaban los padres y el chiquitín y ahora hay una más, será la novia.
-Anda, déjate de historias. Te deberías llamar Antoñita la fantástica. Y venga, aligera que no vamos a llegar nunca.
Según iban llegando a la puerta de las monjas, una pareja de alemanes se extasiaba ante la portada barroca de la iglesia dónde se veneraba la imagen del Nazareno. Doblando de la Alameda Lora a Hormaza enfilaron la empinada cuesta. A media calle la madre de Anita le señaló una fachada baja.
-Mira, ahí enfrente estuvo viviendo José Bonaparte cuando estuvo en Cádiz.
-Sí mamá, me lo dices cada vez que subimos a  Santa Ana, ya lo sé.
-Niña, que impertinente eres. Ya no te lo diré nunca más, descuida.
-¡Es que me lo dices siempre, mami!.
Coronada la cuesta Hormaza y girando a la derecha bordearon la valla del “Poli”, llegando a la entrada principal de la ermita a la que se llegaba ascendiendo una trabajosa cuesta, que a medida que se acercaba a la meta, se endurecía provocando paradas y resoplidos por la falta de resuello, para, finalmente y, sin fuelle ya, alcanzar la explanada en medio de la que se erigía la imagen del Sagrado Corazón. Aquel lugar, el más alto de todo el pueblo ofrecía una panorámica sencillamente impresionante, alcanzándose a ver Sancti-Petri, San Fernando, Cádiz y, en los días diáfanos, Medina Sidonia se divisaba encaramada al risco, como una pincelada blanca en el horizonte.
Subiendo los escalones que le granjean la entrada a la ermita, Ana, se quedó extasiada, como todos los martes que subía con su madre, mirando la imagen sentada de Santa Ana junto a otra de la niña María que sostenía, como todos los martes, un pergamino en la mano.
-Mamá, ¿enciendo una vela?
-Chsss, calla y reza un ave maría.
-Es que..
-Vale, toma y enciéndela ya, pero déjame que rece.

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A medida que el horizonte se nos echaba encima se podía apreciar en toda su extensión la colonia de humanos a la que nos dirigíamos extendida sobre una tierra plana entreverada de brazos de agua como si el mar intensase arrebatar esa tierra, hundiendo profundamente sus dedos en el botín deseado. Una suave elevación, dónde se  hallaba la edificación sobre la que nos disertaba mi padre, era la única nota que rompía la monotonía de la planura. Me tenía impresionado, tanto de mi padre con toda su sabiduría, como con aquella congregación de cuevas de humanos, que a modo de puñado de sal, se extendía al azar  esparcida por un gigante en un arranque de furia sobre su enorme mesa. No tenía memoria de nada de esto y me maravillaba cómo los propios egoísmos y minúsculos intereses propios son capaces de impedirnos disfrutar de lo más bello. Esto lo decía mi madre siempre aunque de otra manera: “si te miras todo el día la pechuga, nunca levantarás la cabeza para ver lo demás y perderás todas las oportunidades que la vida, magnánima, no cesa de ofrecerte”. Era sin embargo ahora, capaz de mirar más allá de  mis alas, porque la sensación de levedad que me proporcionaba el amor, me obligaba a mirar hacia delante con esperanza. Miré a Gog que igual de feliz que yo planeaba, a ratos, y batía alegre, a otros, sus alas, mientras que sus ojos brillaban y sólo podían traslucir el amor que atesoraba con ternura en lo más intimo de su ser.
-¡Mira Ue!,  ya se ve la torre, de dónde aquellas humanas que no se emparejan, de la que hablaba tu madre. De allí salimos, ¿te acuerdas?, para la invernada. Desde aquí aún no distingo si sigue o no el nido que dejamos. En cuanto lleguemos os ayudaremos a buscar, y  ligero, un sitio apropiado, tu primer nido propio, hijo, qué orgulloso estoy;  ya eres mayor.
-Sí está, papá, está, lo veo desde aquí ya, sigue ahí, unas cuantas reparaciones y como nuevo. Nuestro hogar..., bueno, el vuestro, pero no puedo por menos de considerarlo un poco mío aún, y hasta que Gog y yo no tengamos el nuestro seguirá siendo “mi” nido también. Y no te puedo garantizar que en lo más hondo no siga sintiendo que lo es, por muchas migraciones que pasen, por muchos cigüeñinos que empollemos los dos. Es que he sido tan feliz, papá, que no creo que eso se pueda borrar.
-Eres clavadito a tu padre, hijo. Exactamente eso mismo escuché del pico de tu padre cuando nos emparejamos y luego, ya has visto. Estoy también muy orgullosa de ti.
-Ya lo veo Ue, ya lo veo. No está mal. Cuando lleguemos podremos saberlo a ciencia cierta. Tendremos tiempo para ayudaros a construir el vuestro.
-No papá, no. Tu dedícate a mamá, nosotros dos, somos jóvenes y fuertes y nos arreglaremos bien. Reparar entre los dos vuestro nido y descansad, cuando nosotros hayamos terminado el nuestro podréis darle el visto bueno. Ya llegamos, ¡frenandooooo!, Jajajajaja.
Ue estaba feliz. Por fin habían llegado. Con inusitada fortaleza batió las alas deteniéndose prácticamente en el aire y descendiendo sobre la cúpula de la torre dónde sobre una cornisa, dos metros más abajo, reposaba el antiguo nido en perfectas condiciones de conservación, una ramita por aquí, una retama por allí y como nuevo.  Inmediatamente descendió Cig sobre el nido, luego Ña y finalmente Gog en la cúpula, al lado de Ue. Sin previo aviso las campanas de la torre comenzaron a tañer. Gog dio un salto y se colgó del aire con los ojos desorbitados y el pico abierto. Ue a punto estuvo de seguirla pero algo dentro de sí se sobreponía al susto y le regocijaba, como quien se reencuentra con algo que se perdió y ni siquiera se sabía que había perdido. Se sobrepuso al campaneo rítmico y llamo a Gog.
-Baja cariño, que no pasa nada.
-Ue por todas las cigüeñas fundadoras, ¡que susto me he llevado!. Nunca hubiese podido sospechar que existiese algo más horrísono, ni siquiera el canto del grajo que tanto me desagrada.
-Esto es normal. Comprendo que te sobresalte, fíjate, que yo llevo escuchándolo desde antes de romper mi cascarón y, es hoy, y aún me da un vuelco el corazón cuando las escucho, aunque no sabría decirte si esa sensación es de susto o de gozo porque me trae ecos de un pollo feliz, cuidado, alimentado y querido por sus padres.
-¿Porqué hacen sonar esos artefactos?.
Es una especie de llamada como la del consejo cuando llega el tiempo de volar lejos. Algunas veces, siendo pequeño me asomé al patio que tienen para que le entre luz y calor, pienso, y las he visto una detrás de otra cubiertas de color negro, caminando muy despacio hasta entrar por un hueco en una cueva desde dónde cantan durante mucho tiempo y ni mi padre ha sido capaz de decirme con que objeto lo hacen. Definitivamente nunca entenderé a los humanos, parecen estúpidos. No entiendo cómo se puede vivir sin volar.
-Te estoy escuchando Ue y me sorprendes. Tu te has planteado alguna vez que los humanos pueden no comprender que se viva a las alturas que vivimos nosotros. A los demás se los acepta como son y se les deja que organicen  su existencia como mejor lo consideren. Se comienza por no entenderlos y se acaba por despreciarlos queriéndolos eliminar por no ser como nosotros. Los humanos no vuelan, pero ¿te has fijado como se las ingenian?. ¿Has visto esos artefactos en los que se meten que luego corren de tal manera que sorprende que no se eleven?. Ellos solos, son torpes y lentos pero son capaces de hacer cualquier cosa porque como ya te dije dominan el fuego y dominando el fuego son los dueños de todo. Pero no me quiero desviar del tema, concluyendo, respeta al resto de los seres por muy raros o diferentes que te parezcan y como mínimo conseguirás respetarte a ti mismo y harás pensar a los otros, extendiendo tu manera de ser como una onda en el agua.
-¿Has escuchado, Gog, como es mi padre?
-A mis hermanos le hubiese venido bien tener un padre con el tuyo. Bueno, hay que ser prácticos. ¿Cuándo buscamos nuestra atalaya?, digo yo que tendremos que construir el nido, quiero cuanto antes poner huevos, empollarlos y criar mis pollos.
-Tienes razón, cuando escucho a mi padre me quedo embobado y se me detiene el tiempo. Papá ¿nos acompañas a buscar?
-¡A volar!. Ue, Gog, seguidnos.
Aún no estaba el sol en lo alto y la mañana era espléndida. Ya iban teniendo fuerza los rayos del astro rey y templaban el ambiente. El agradable viento suave de levante agitaba las copas de los grandes pinos mientras las orgullosas y simétricas araucarías se mantenían incólumes esperando viento más fuerte aún, para doblegarse ante su poder. La blancura de las edificaciones recién enjabelgadas daban el aspecto brillante y limpio a la atmósfera invitando a disfrutar del vuelo. Cig lo conocía todo, no se le escapaba ni una elevación, ni una torre, ni un gran árbol dónde poder conducir a Ue para tomar posesión y comenzar la construcción inmediatamente del nido. Él también había nacido allí y le profesaba adoración a aquel sitio cerca del mar, tan pausado, tan reposado, tan alegre. Aunque echaba de menos ese ambiente dulzón que flotaba en el aire cuando los humanos en toda clase de artefactos trasportaban ingentes cantidades de un fruto que arrebataban a unas plantas que tapizaban de un verde oscuro grandes extensiones de campo. Hacía ya tiempo que prácticamente aquel rito que se repetía cuando los días se acortaban y los árboles se desprendían de su traje viejo, no se llevaba a cabo. Aquellas magníficas extensiones verdes dejaban paso paulatinamente a esas cuevas que se construyen los humanos con trozos de piedra. Desde la altura se divisaba un impresionante pedazo de tierra salpicado de cubiertas de cueva, rojas, entre estremecidas copas de pino, que temblaban porque ellos podrían ser los próximos en caer a manos de los humanos que saltaba a la vista que no se daban cuenta lo que hacían, destrozando y modificando la preciosa naturaleza en medio de la que habían elegido establecerse.
-¿Os gusta el sitio?.
-Papá, no me acordaba ya. Es verdad que cuando me enseñasteis a volar tampoco tuve tiempo después, antes de marcharnos para al invernada al sur. Recuerdo una bonita torre cerca del nido, que se encontraba al lado de una enorme edificación de esas de dónde entran y salen humanos de todas las edades constantemente. Me acuerdo porque me llamó la atención que tenía un paso justo en la base por el que transitaban esos artefactos que echan humo.
-Vamos para allá, quizá aún no hayan ocupado esa torre y si no, en la gran cueva de al lado siempre habrá sitio si os parece.
Viraron tomando rumbo al norte, a la torre, pues se habían dirigido hacía el mar atraídos quizá por el verdor que se perdía en la llanura de agua que se prolongaba hasta el infinito creando una imagen irreal en la fundición del verde oscuro con el azul ultramar del agua.
-Ya se ve la torre, ¿la veis?.
-Papá, es más pequeña de lo que yo recordaba. La evocaba altísima y orgullosa hundiendo su aguja en las nubes y sin embargo me parece más baja que la vuestra.
Llegados a la torre con su arquillo en la base sobrevolaron los alrededores algo desorientados porque algo no encajaba. La torre allí estaba y, al lado, esa enorme cueva edificada pero una gran extensión de terreno se extendía delante de ambas.
-Papá, ¿esto es?, yo lo recuerdo de otra manera.
-Yo también estoy desconcertado hijo, recuerdo perfectamente que delante de la torre y la cuevona había más cuevas pequeñas de las que usan para refugiarse de la noche o la lluvia los humanos y ahora ya no están, se las han debido llevar a otro lado más amplio porque la verdad es que aquí estaban muy apretadas y últimamente las ponen en sitios rodeados de terreno, en lugar de unas al lado de otras. No te extrañe que cualquier estiaje que vengamos a pasar, se hayan llevado también la torre y todo lo demás.
-¿Pero papá, porque lo hacen para pasado un tiempo quitarlo?. No será porque necesiten terreno, porque el que tienen libre, cubierto de bonitos árboles lo están ocupando con sus refugios, a costa de derribar y terminar con la vegetación. A lo mejor es que quieren cambiar las cosas de sitio.
-Ue amor mío, ¿qué más da?. A mí, que no lo conocía antes, me parece precioso, un terreno libre, tan grande, en medio de esta colonia de humanos, porque según me he podido percatar sus cuevas están muy apiñadas y da sensación de ahogo. Ese espacio libre ahí en medio produce relajación, mientras que lo dejen así, porque como los humanos son tan imprevisibles son capaces de haber quitado sus cuevas para construir otras nuevas.
-A saber Gog. Ue mira, la torre está vacía, no hay nido alguno. Vamos a posarnos y a medir, a ver, por si cabe un nido amplio y cómodo para que iniciéis vuestra vida en común.
Posados en la cornisa más alta de la torre desde dónde se divisaba la calle a lado y lado atravesándola por abajo, Ue se entusiasmo al instante y quiso comenzar rápido a recolectar materiales para dejar el nido medio planteado antes de que la noche se enseñorease del día. Cig hizo reflexionar a su hijo mientras se paseaba por el escaso espacio que dejaba aquel saliente sopesando la posibilidad real de asentar sólidamente un nido.
-Ue, hijo, no te atropelles. Antes de tomar cualquier decisión por intrascendente que sea, párate a pensar, no sea que por imprudencia, te veas abocado necesariamente al desastre. Imagina que con tus pollos en el mundo sin poderse valer aún, el nido, por no tener la suficiente base, se precipita al vacío y pierdes lo más sagrado que tenemos las cigüeñas, nuestros pollos, garantes del porvenir de nuestra especie. Se sensato hijo.
-Bueno papá, pero el sitio es bueno, ¿no?, es bueno.
-Es bueno hijo pero por lo que estoy viendo está justito de sitio aunque creo que se podrá hacer.
-Ue, hagamos caso a tu padre. Te pierde el entusiasmo, si él piensa que el sitio no es adecuado, busquemos otro.
-No Gog, el sitio será adecuado, los habrá mejores, no es para dudarlo, pero lo mismo que no hay que ser imprudente, no hay que ser ambicioso, pues se corre el riesgo de perder lo poco o mucho que se tenga. El sitio está bien, solo quería hacerle reflexionar, para que pueda llegar a ser una cigüeña de bien y que su madre y yo estemos orgullosos de él.
Sin pensárselo dos veces, Ue, seguido de Gog saltó al vacío al tiempo que extendía las alas y comenzaba el vuelo en dirección al bosque en busca de ramás, broza y todo tipo de material que pudiese servir a su fin. Cig con un leve meneo de cabeza, sonrió indulgente ante el entusiasmo impetuoso de su hijo. Se lanzó en pos de los dos dispuesto a arrimar el ala para que el nido se quedase medio planteado antes de que las sombras les impidiesen seguir trabajando. Impenitentes, viaje tras viaje, el nido fue tomando forma, lo que les llevó lo que quedaba de mañana y casi toda la tarde. Cuando el disco luminoso hacía rato que se había ahogado en el mar, decidieron dar por terminada la tarea. El resultado, inacabado, era un sólido aposento para albergar a la enamorada pareja. Tiempo habría de rematarlo a gusto de los dos. La sabiduría de Cig marcó la diferencia en el asentamiento del nido en la estrecha cornisa de aquella torre centinela del edificio enorme que tenía al lado. Cuando Cig se despidió de su hijo y de Gog y estos se quedaron solos se mostraron nerviosos; era la primera vez en sus vidas que se quedaban solos, ¡y en su propio nido!. Se movieron inquietos dentro de su hogar buscando el mejor acomodo posible para ellos en esa estrechez, aunque suficiente, y pasar la noche lo mejor posible.

---o---

Anita, se cepillaba el pelo con parsimonia para ver si su madre se desesperaba y se iba sola. Nunca, desde que tuvo uso de razón, le gustaron las misas y menos las de compromiso  y su madre se empeñaba en llevarla a una tras otra, porque como le decía siempre, “hija, Anita, hay que cumplir con la gente, porque vivimos en un pueblo dónde nos conocemos todos y si se escarba un poco, todos somos familia”.
De esta forma, dilataba el tiempo con el cepillo en la mano, hasta que su madre entra en su dormitorio atacada de los nervios.
-Ana, vamos, ya está bien de cepillo, que te conozco.
Enfilando la calle Larga fueron ascendiendo la suave y larga cuesta, al fondo de la cual se divisaba la Iglesia Mayor, gracias a que el espacio delante de ella se había despejado derribando un puñado de casas para definir una ansiada Plaza Mayor por todos los lugareños. La iglesia, una magnifica construcción con dos siglos a sus espaldas, se levantaba orgullosa de ser, al fin, liberada de los molestos obstáculos que la impedían lucirse en todo su esplendor. Justo al lado se levantaba una torre, el Arquillo del Reloj, que con su vieja maquinaria se encargó de señalar las horas al pueblo durante muchos años. Anita de la mano de su madre subió las escaleras de la Iglesia dispuesta a sufrir una de esas misas que tanto le disgustaban. Justo antes de pisar el atrio dirigió su mirada hacía lo alto del Arquillo y abriendo mucho los ojos tiró de la mano de su madre.
-Mira mamá, allí arriba hay cigüeñas, nunca las había visto en el Arquillo. Espera mamá, por favor, déjame que las vea bien.
-Anita, que ya van por la epístola. Venga, entra, ya verás las cigüeñas luego, o mañana o cuando sea.
Los feligreses salían pausadamente del templo quedándose a comentar el ultimo rumor entre los conocidos. Anita dejó que su madre se explayase el tiempo que quisiera, en lugar de meterle bulla para regresar a casa cuanto antes, como en otras ocasiones, y se entretuvo en lo que no le dejó enterarse de lo que en el altar sucedía mientras duraba la función litúrgica: quedarse con la boca abierta observando aquellos extraños personajes de largas y desgarbadas patas con un pico descomunalmente largo milagrosamente encaramados en una estrecha cornisa; sencillamente le fascinaban las cigüeñas. Con expresión beatífica, no quitaba la vista de las dos cigüeñas, que según su opinión, no cesaban de jugar y en la de su madre se estorbaban en un sitio tan estrecho, lo que las obligaba a recolocarse constantemente para no trastabillarse y tener que salir volando cada tres por dos. Su madre no entendía a las cigüeñas, eso estaba claro, ella sí las conocía. De repente una de ellas se inclinó hacia dónde Anita se encontraba y se quedó mirándola, fijamente. Los saltos y muestras de alegría de la niña no dejaban lugar a dudas del efecto que le producía ese gesto.
-Mamá, mamá, me está mirando, me está mirando y me ha sonreído
-¿Qué?, espera un momento.
-Mamá, que me ha mirado
-¿Qué dices, niña?, te ha mirado ¿quién?, el caso es no dejarme echar un cachito, ¿Qué..?
-Que esa cigüeña me ha estado mirando y además me ha sonreído.
-Uy, Remedios, que imaginación tiene tu hija.
-Ya ves mujer, siempre con la cabeza a pájaros, nunca mejor dicho. ¡y ésta que le ha dado ahora con las cigüeñas!, pero de los estudios, poquito.
-Es muy chica aún Remedios, ya tendrá tiempo de pisar tierra firme, déjala que vuele con cigüeñas o con lo que quiera, en menos de lo que piensas estará polleando y se te habrá hecho mujer sin que te hayas dado ni cuenta.
-Ala, Ana, a casa, ya está bien. No se quién te ha dicho a ti que las cigüeñas se ríen.
-Déjame un ratito más, que me he hecho amiga de esa tan bonita.

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El horizonte se fue aclarando por levante, tiñendo del color de la vida las cosas. La naturaleza se desperezaba y con ella todas sus criaturas. Ue y Gog, se estiraron al unísono para desentumecer sus alas de la obligada inactividad nocturna, al tiempo que sus picos se abrían en un bostezo inacabable. Comenzaron el atuse diario de su plumaje para mantenerlo en buenas condiciones para el vuelo, peinándose las plumas más largas y untando todo su cuerpo con la grasa que extraían de su glándula caudal dejando un vestido brillante y limpio para encarar el día con seguridad.
Como guiadas por un experto director de escena iniciaron las dos lo que era más un ballet ensayado que un vuelo a dos para tomar su desayuno. Dejaron atrás el nido construido en su torre y tomaron rumbo a la línea litoral dónde los bosques de pinos continentales sobreviven a la furia especuladora de las inmobiliarias y las dunas se empeñan, tercas, en recuperar el sitio que la mano humana les quito para su uso y disfrute. Ue no conocía muy bien la zona y por eso cuando divisó no muy lejos una enorme araucaria seca, no dudo en utilizarla como torre vigía para tomar clara conciencia del sitio en el que se encontraban y de  las oportunidades que se les ofrecían.
Pasaron el día entero volando, jugando, comiendo y disfrutando de su vida joven y dispuesta a no dejarse intimidar por la incertidumbre del vivir. Desde la araucaria divisaron una península ocupada en toda su extensión por edificaciones de humanos  con aspecto de abandono y un poco más lejos como emergiendo del agua, un edificio medio derruido, a pesar de lo cual, se le apreciaba la magnificencia y esplendor de mejores épocas cuando debió cumplir una importante función dada su disposición de avanzadilla de la costa. Volaron de un lado para otro, ascendiendo y descendiendo, planeando cuando se imponía la observación minuciosa de una zona, cruzándose en su camino con otras congéneres y  aves de menor porte que, con maravillosa soltura, se sumergían alegremente en el agua saliendo inmediatamente con su presa orgullosamente exhibida en el pico como fruto de su arrojo y valentía.
Nubes amenazadoras avanzando por poniente impedían paulatinamente que la luz y el calor alcanzasen la superficie de la tierra enfriando el ambiente que aún conservaba algo del rigor invernal.
-Ue, ¿te parece que regresemos ya?, estoy  un poco cansada.
-Ya volvemos cariño, vamos a llegarnos antes hasta aquella colonia que se ve a lo lejos y que se baña prácticamente en la orilla.
-Ue, amor mío, de verdad no te importa que regresemos ahora que todavía hay luz y no ha bajado mucho la temperatura, quiero llegar cuanto antes al nido. No creo que esa colonia se marche de dónde está. Mañana seguirá ahí y podremos, si quieres, explorar con detenimiento la zona, que no te voy a engañar, a mí desde aquí también me llama la atención.
-Tienes razón Gog. Vamos.
Dieron la vuelta y enfilaron la dirección de la cúpula blanca que coronaba la colonia dónde estaba su nido, en la torre perforada en su base.
Cuando llegaron a su nido, se acomodaron dispuestas al descanso mientras a ras del suelo observaban cómo grupos de humanos entraban en la gran cueva que había justo al lado. A Gog le llamó la atención una cría de humano que señalaba hacia dónde ellas estaban.
-Ue, ese humano pequeño nos está señalando y reclama la atención del otro humano más grande. ¿No nos ira a pasar nada, verdad?, ¿no nos atacarán?.
-No Gog, amor. En esta colonia de humanos se nos aprecia y nadie nos hará daño, te lo aseguro. Verás que más humanos se paran a mirarnos y es que les gustamos, por eso nos señalan, nuestra llegada les alegra. Mira tú hacia abajo, no tengas miedo, verás como les gusta.
Gog se inclinó para mirar a quien les señalaba, sorprendida por los saltos y muestran de gozo por lo que al parecer producían su gesto de mirar hacia abajo.
-Mira, parece que les gusta.
-¿No te lo dije yo?.
Gog con una indefinible sonrisa demostró la tranquilidad que le daban las muestras de placer que ella producía en aquella pequeña humana.

---o---

Anita estaba entusiasmada por la experiencia, que le produjo sobre todo ternura. Una cigüeña la miró y además le sonrió, estaba segura, por más que su madre se empeñase en que esas aves no pudiesen sonreír.
Se acostó esa noche con el convencimiento de que había hecho una amiga. No conseguía conciliar el sueño pensando en que al día siguiente se las habría de ingeniar para ir al Arquillo del Reloj a ver a su amiga, no paraba de imaginar pretextos para que su madre le acompañase.
Poco a poco el dulce sueño fue invadiendo a Anita hasta que los párpados, pesados como el plomo, dieron paso a un sueño que para ella habría de ser tan real como su propia existencia.
Anita llegaba de la mano de su madre, como flotando, a la enorme plaza, que delante de la Iglesia Mayor presentaba un magnifico aspecto con árboles de sombra, pérgolas cubiertas de olorosas flores de vivos y surtidos colores y chorros de cristalina agua que conformaban una fuente que hacía cantiñear al agua produciendo una agradable sensación de frescura. Llegaron hasta un kiosko en el que servían refrescos y chucherias a todo el que las solicitaba. Había muchos niños jugando y mujeres y hombres en agradable y relajada charla. Su madre se sentó con unas amigas a la sombra de un glicinio mientras ella se iba a jugar con otros niños que ya se encontraban en la plaza. Todos los niños estaban vueltos hacia la torre del Arquillo, señalando un nido de cigüeñas, dónde dos de ellas se acurrucaban muy juntas, la una contra la otra. Anita  miraba a los niños con extrañeza, todos tenían la misma cara y todos actuaban al unísono como si fuesen autómatas. Anita se dirigía a ellos diciéndoles que las cigüeñas eran amigas suyas, pero no parecían escucharla, era como si no la viesen y no cejaban en su empeño de señalar constantemente al nido. Anita miró al nido igualmente y la cigüeña que le había sonreído aquella tarde, le guiño un ojo en esta ocasión, algo que el resto de niños parecían no apreciar. Anita hizo lo propio y le devolvió el guiño. La cigüeña que le hizo la seña se volvió a la otra que estaba a su lado y le dijo algo que a Anita le sorprendió, porque lo escucho perfectamente. En ese momento se percató de que no se escuchaba nada más que el habla de las cigüeñas, todo permanecía en un silencio tranquilo y relajante.
-Mira Ue, nuestra amiga ha vuelto
-Ya lo he visto Gog. Bajemos a saludarla, ¿te parece?
-Esperaba que lo propusieses Ue. Vamos.
Las dos cigüeñas echaron a volar bajo la emocionada mirada de la niña, que observaba con creciente excitación, cómo las dos aves encaminaban sus aleteos hacia el sitio dónde ella se encontraba. El resto de los niños, sin embargo, seguían mirando en dirección al nido como si no estuviese sucediendo nada de lo que ella estuviese viviendo.
Las dos cigüeñas se posaron suavemente al lado de Anita.
-Hola niña, cómo te llamás.
-Anita, vosotras sois, Ue y Gog, ¿no?
-Yo soy Ue y esta es mi pareja, Gog. Estamos recién casados. Mis padres viven en otra torre cerca de aquí, parecida a esta pero no está agujereada por abajo.
-¡¡Ah!!, tiene que ser el campanario de la monjas.
-¿Quieres que te llevemos a dar una vuelta volando?. ¿Nunca has volado?
-Nunca, me da un poco de miedo, no se si podréis conmigo.
-Ue si podrá, es muy fuerte, venga anímate.
-Vale. ¿Cómo me monto?.
Ue, se agachó doblando su largas patas hasta quedar a la altura de la cintura de Anita que con una facilidad que a  ella misma le sorprendió de un salto se acomodó en la espalda de Ue entre las dos alas.
-Anita, parece que hubieses viajado a lomos de cigüeña toda la vida, ya veras cómo Ue te lleva con toda facilidad y sin ningún esfuerzo.
-Levanta ya el vuelo Ue, quiero saber lo que es volar, aunque tengo la impresión como de que no habrá sido la primera vez.
Ue echó a correr por la plaza seguida de Gog batiendo fuertemente las alas para finalmente, levantando sus patas, comenzar a elevarse suavemente hasta sobrevolar los techos de las casas. El pelo de Ana ondeaba al viento y le acariciaba la cara, haciéndole entornar los ojos para defenderse del viento. Gog volaba relajada junto a Ue mirando regocijada a Anita que guiñaba los ojos de una manera muy graciosa.
-Si lo llego a saber me traigo las gafas de bucear.
-¿Qué es bucear, Ue?
-Pregúntaselo a ella. ¿Qué es bucear, Anita?.
-Pues..., pues lo mismo que volar pero debajo del agua.
-¿Y cómo respiráis debajo del agua?
-Ja, ja, ja, aguantamos la respiración. Las gafas son para que no nos entre agua en los ojos y no se nos pongan malos.
-Mira Anita aquel es el nido de mis padres, allí están.
Ue comenzó a volar en círculos llamando a sus padres que cuando le vieron le pareció a Anita que el que ella fuese a lomos de Ue era lo más natural del mundo.
-Papá, mira, ¿conoces a Anita?, es amiga nuestra, vamos a dar una vuelta para que conozca su colonia desde el aire.
-Hola Anita, yo soy Cig y mi pareja es Ña, somos los padres de Ue. Encantados de conocerte. ¿estás cómoda con Ue?.
-¡Oh!, si, estoy muy bien, Ue es muy fuerte y voy muy segura.
-Dime, Anita, algo que siempre me ha intrigado, ¿esta colonia de humanos tiene algún nombre?.
-¡Claro!, se llama Chiclana de la Frontera, y es el pueblo más bonito del mundo.
-¡Qué nombre más largo!.
-Bueno, nosotros le llamamos Chiclana a secas. Con eso es suficiente.
-Ya está bien de charlar papá, me gustaría hacer algo más que volar en círculos, vamos a conocer Chiclana.
-Adelante.
De un salto, Cig y Ña se lanzaron a volar mientras que Gog que se había posado en la cúpula de la torre les seguía. Era curioso, a Anita le parecía que todo el mundo miraba hacia arriba dónde ellos estaban y les seguían en el vuelo sin mostrar la menor sorpresa. Ella se imaginaba que volar sobre una cigüeña iba a suscitar expectación, pero no, la gente miraba con la mayor naturalidad. La niña lo comprendió enseguida; era lógico que no se sorprendiesen, todos sabían que ella era amiga de las cigüeñas y qué más natural que darse una vueltecita volando.
-¿Dónde quieres que vayamos primero, Anita?
-Allí, aquel campanario que se ve cerca del río, se llama San Telmo, bueno es la parroquia de la Santísima Trinidad, pero todos la conocemos por San Telmo.
-Hay que ver lo aficionados que sois los humanos a poner nombre largos a las cosas, eso sólo puede deberse a que tenéis demasiadas cosas a las que nombrar y con nombres cortos os confundiríais. Anita, ¿sois felices con tantas cosas?, ¿es que necesitáis tantas cosas?. Mmmm, me estoy poniendo demasiado serio, estamos en que lo llamáis San Telmo, ¿no es eso?.
-Es la iglesia dónde yo he hecho la comunión, es muy bonita y dentro tiene la imagen de la Virgen de los Remedios. En este pueblo todos la queremos mucho y tiene una cara muy pequeñita, como de una niña pequeña. Mi madre se llama como ella. Mira la puerta está abierta, vamos a entrar.
-¿Qué es la comunión, señora Ña?.
-No tengo ni idea Gog, luego lo preguntamos, ahora vamos a entrar en esta cueva grande.
Anita sobre la espalda de Ue y las otras tres cigüeñas entraron volando en la iglesia, se dieron una vuelta despacio sin parar de volar mientras la niña les enseñaba el Señor de la Piedra, que al verlos pasar, se encogió de hombros, aburrido, la Virgen de las lagrimás, que sin soltar su pañuelo enjugándose la nariz les saludaba dolorosamente, San Agustín y su madre Santa Mónica se miraban de manera cómplice y nos hacían guiños y otros más de los que Anita no recordaba el nombre y que les despedían congratulados de su visita a medida que se iban dirigiendo a la salida. El templo estaba  completamente iluminado, lo que no le extrañó a nadie, ya que ellos lo estaban visitando. Saliendo por la misma puerta que habían entrado, Anita se volvió justo a tiempo de pillar a la Virgen de los Remedios saludando con su mAnita creyendo que ya no la veían; se dedicaron una fugaz sonrisa  y remontando el vuelo se elevaron hasta alcanzar la espadaña de la iglesia dónde se posaron para tomarse un respiro.
-Anita, preciosa niña, ¿qué hacían tan quietos esos humanos ahí dentro, y por qué tan tristes viven?; es una cueva bonita. Ese pobre hombre tan desgreñado sentado en la piedra, daba lastima, no me extraña que pareciese tan aburrido y esa señora tan bien vestida que saludaba con el pañuelo, ¡qué penita tan mala!
-Ja, ja, ja, ¡que noooo!, no son personas de verdad, ja, ja, ja, son sólo estatuas que nos recuerdan quienes fueron pero no están vivas en realidad y los humanos somos afortunados por su sufrimiento.
Anita se dio cuenta que no se le iba a entender, en realidad ella tampoco lo entendía aunque creía que era fácil hacerlo, pero no. Se lo tendría que preguntar a su profe de religión el próximo día.
-Los humanos sois muy raros, hacéis esfuerzos tremendos y costosos por hacer cosas bellas y sin embargo no dudáis en destruir lo más bello que hay, que es lo que os rodea, vuestro entorno natural, pero no me cabe duda de que cuando hacéis estas cosas, vuestras buenas razones tendréis, no se, pero me parecéis a veces los seres menos razonables de toda la naturaleza, aunque tengo esta impresión  porque tampoco, quizás, tenga toda la información; en fin, vosotros sabréis lo que tenéis que hacer.
-Papá, es sólo una niña, ¿ella qué sabe de todas esas cosas?.
Se lo digo para que cuando sea mayor se acuerde y sea más comprensiva con la naturaleza que le rodea, y no me cabe duda que así será. De todas formás sentirse afortunado porque otros lo pasan mal, es muy raro, eso no pasa entre nosotras.
-Cig, amor mío, vamos a seguir. ¿Dónde vamos ahora, Anita?.
Anita en lo alto de la espadaña de San Telmo se quedó embobada mirando hacía el puente de grandes arcos azules y cuando se volvió para decirle a Cig dónde tenían que ir se resbaló del dorso de Ue y por mucho que se intentó agarrar se precipito edificio abajo. A coro las cuatro cigüeñas se desgarraron las gargantas gritando.
¡Anita!, ¡Anita!, ¡Anita!, ¡Anita!.

---o---

-Anita hija, despierta, Anita, ¿qué te pasa?, despierta, cariño.
Remedios abrazaba a su hija que temblaba como una sábana tendida en día de levante, sin poder terminar de despertar. Bañada en sudor y sin abrir los ojos gritaba ya desesperadamente, mientras su madre le tapizaba la cara de besos.
-¡Ue, ¡Cig, ayudadme, que me caigo, ayudadme!.
-Ya, Anita, pequeña, ya.
De forma refleja, la madre inició el mecido de un bebe asustado susurrando una antigua nana oída mil y una veces de su madre y de su abuela y con la que Anita cuando era muy pequeña se quedaba dormida inexcusablemente
-Mamá, mamáíta. Me caía. Estaba en el campanario de San Telmo y me caía, me resbale de Ue y Cig tampoco podía ayudarme.
-Una pesadilla, nada más. No hay de qué preocuparse. Sigue durmiendo.
-¡Que no!, que he volado sobre Ue y nos han acompañado sus padres y su novia, me han llevado a ver Chiclana desde el cielo y yo les he llevado a ver San Telmo. Hemos entrado volando y la Virgen de los Remedios me ha saludado y me ha sonreído. La virgen de la Lagrimás no paraba de llorar pero también nos ha saludado. Mamá, pero no he entendido bien porque ella llora y el señor de la Piedra está ahí sentado, como desengañado y harto y nosotros tenemos que ser tan felices, ¿por qué no somos felices todos y ya está?
-Bueno, bueno, ¡Jesús!, que imaginación, venga, deja esas tonterías ya y sigue durmiendo que dentro de nada hay que levantarse para ir al cole. Y ten cuidado sobre quien vuelas ahora a ver si te caes de la cama.
Anita quedó triste. Era inútil, no la creía, incluso ella lo pensaba ahora y todo se le antojaba irreal, pero sus sensaciones eran tan fuertes y en el interior más profundo de su corazón “sabía” que todo se había desarrollado como ella le contó a su madre. Recordando la suave brisa en la cara, sus cabellos ondeando al viento y el sedoso tacto del plumaje de Ue llego a la conclusión de que la pesadilla era la que vivía ahora, la de la soledad en la oscuridad de su dormitorio, la ironía de su madre al despedirse y la experiencia sudorosa del despertar agitado. Sin poderlo reprimir dos gruesos y salados lagrimones le resbalaron hasta las orejas mojando el almohadón. Cerró su escocidos ojos por las lagrimas y volvió a dormirse.

---o---


Aún caía cuando Cig, como una exhalación la recogió en su lomo y remontó el vuelo hasta posarse otra vez en lo más alto de la espadaña.
-¡Vaya susto nos has dado, Ani!, menos mal que mi padre nunca pierde los nervios, yo me he quedado paralizado de miedo.
que haya una cigüeña en toda la bandada como él; es valiente, fuerte, prudente y muy sabio. Desde que nos emparejamos, ni un minuto sólo me he arrepentido de hacer el nido con él y eso que a veces no se fía de mis punzadas. Cuando seas grande espero que llegues a ser como él.
-Ue, amor mío yo quiero que seas como Cig. Me ha dejado con el pico abierto, yo creí también que la niña se daba un mal golpe. Qué susto he pasado. ¡Qué reflejos los de tu padre!.
-Yo es que, ya te digo, me he quedado paralizado, Gog.
-Ahora volarás conmigo Anita. Pero dime, ¿qué te ha ocurrido?. Ue, hijo, tu padre siempre te deparará sorpresas, no creo do?.
-Que me resbalé al volverme hacia el puente de 7º Centenario. Se me ocurrió que verlo desde arriba debería ser bonito. Si no llega a ser por ti...
-¿Te refieres a esas arcadas, especie de arco iris de un solo color que han colocado sobre el río con un manantial de agua a un lado y muchas cuevas al otro?.
-Ja, ja, ja, ¡qué no!, bueno, ja,ja,ja, sí. No es un manantial, es una fuente y no es para beber, es sólo para adornar y lo otro no son cuevas, ja,ja,ja.
-Ya, ya, las cuevas están en las montañas, es que no sabemos cómo llamarlas pero parecen cuevas, no me lo negaras.
-Son naves industriales para poner tiendas y fábricas y los otros edificios altos que hay al lado tienen dentro muchas de esas cuevas. Son casas, no cuevas y las hacemos para vivir como vosotras los nidos. Es que somos un poco diferentes, para empezar, nosotros no volamos y vosotras sí, vosotras os vais todos los años y me dejáis muy triste y  nosotros siempre estamos en el mismo sitio. Cada uno en lo suyo, pero de vez en cuando conviene conocerse y convencerse que si se fija uno bien, tampoco somos tan diferentes, además, quién es cada quien para juzgar lo que hacen los otros; eso es lo que dice Don Antonio, por lo menos que no hay que despreciar por diferente. A mí me encanta ser amiga vuestra, porque somos amigos ¿no?.
-Si tu quieres, para siempre. Nosotras las cigüeñas tenemos buena memoria, siempre volvemos al sitio, no se nos olvida. Tienen la fama los elefantes, pero nosotras no nos quedamos atrás. ¿Vamos a ver esos arcos?.
-Ahora ya estoy un poco cansada, si no os importa me dejáis en la plaza dónde me cogisteis, mi madre tiene que estar preocupada.
-De acuerdo, otro día seguiremos con la visita, además nosotras tenemos que buscar comida y eso nos lleva buena parte de nuestro tiempo.
Sobre Cig, ahora Anita fue depositada suavemente sobre la preciosa plaza dónde todavía los niños miraban embobados hacia el Arquillo del reloj. De un saltito Anita se bajó de Cig y mientras las cuatro cigüeñas emprendían el vuelo hacia sus quehaceres Ani se dirigió corriendo dónde su madre charlaba con unas amigas llamándola a voces, tenía que contarle tantas cosas...
Mamá, mamá, mamá.

15.10.12

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