Como cada noche, desde hacía seis meses, a las tres
de la madrugada, algo se estremeció en mi corazón otra vez y los ojos se
abrieron. El dormitorio frío, inhóspito y caluroso por la calefacción me hacía
sudar y sentirme pringoso, sucio y desamparado. Ya habían pasado ciento ochenta
largos días desde que tuve que dejarla sola, quieta y pintarrajeada como un
payaso, las cosas de los tanatorios, dentro de una caja estúpida, como si su
cadáver fuese un regalo caro que luego hay que encerrar en una caja fuerte para
que nadie lo robe. Aún resonaban en mis oídos el arrastre chirriante de la caja
sobre el suelo sin pulir del nicho y a pesar de taparme con fuerza los oídos el
ruido aquel tan desagradable me arañaba las meninges y me hacia llorar
desgarradamente. Convertirla en joya para llevarla siempre conmigo me parecía una insolencia y una falta de respeto a la muerte. Quería recuperar para ella la humanidad, que ya la misma humanidad empezaba a negarnos con la posible inmortalidad. Habíamos desentrañado los misterios de la física quántica y a
nadie se le había ocurrido poner unos rodamientos a los ataúdes para que no
arañasen la sensibilidad de los deudos al empotrar a los seres queridos en su
encierro eterno. Como cada noche, cada madrugada fría, me metí bajo la ducha
helada; me quedé sin respiración, pero el chirrido cesó en mi cabeza. Con el albornoz
puesto dirigí mis pasos, ya era una rutina, hacía el cuarto de costura de
Carmen que si bien conservaba todas sus cosas tal y como ella las dejó yo
utilicé como refugio, para estar cerca de ella, de su vida, de su amor. Instalé
mi equipo de música Pionner que heredé de mi abuelo y él del suyo. Un aparato
excepcional: giradiscos, ecualizador, amplificador, buffles con sub.boofer, una
joya. Los vinilos los conservaba en un armario hermético, la habitación de
costura la transformé en un espacio cerrado con flujo laminar a presión
positiva para evitar que el maldito polvo inundase los microsurcos de los
discos casi todos de la Deutch Gramophon
mas una joya de La Voz
de su Amo con grabaciones de Renata Tebaldi, que mi padre compró en una subasta
en Londres por una fortuna. Mi padre repetía una y otra vez que de acuerdo, la
música en formato digital bajada de la nube era como estar en la sala de conciertos,
pero los vinilos tenían el aroma de los ágiles dedos de violinista o el
pianista en grabaciones centenarias e irrepetibles. Hacia como siglo y medio
que ya toda la música era perfecta, compilada y sintetizada según las bases de
datos de las formas de interpretar de todos los clásicos de tres siglos atrás,
pero los vinilos permitían captar el alma del interprete y eso era lo que desde
hacia generaciones hacíamos en casa, escuchar música de humanos, no de
artilugios.
Necesitaba animarme y el Presto a base de madera del
primer movimiento de la
Tempestad di mare Op. 8 nº 5 de Vivaldi en irrepetible
grabación de 1961 iba a cumplir con su función a la perfección.
El vibrante arranque del oboe, el fagot y la flauta
me sacó del estado de apatía y dolor y dio fuerzas para llorar la ausencia. Le
había prometido que no, pero rompería la promesa. Su recuerdo me servía de
coartada para mancillar cualquier compromiso, ella lo entendería. Y se me vino
a la cabeza mi imagen con ocho años.
Yo de pie, en el umbral de la sala de audición de
mi padre. En el mismo equipo que yo usaba ahora, se escuchaba Finlandia de
Sibelius. Seguramente la rotundidad de la madera de Vivaldi en el Presto me
recordó el apoteósico comienzo de percusión y metal de la obra más nacionalista
jamás compuesta a principios del siglo XX, tres siglos atrás. Mi padre en su
sillón de audición con los ojos cerrados percibió seguramente mi presencia y
detuvo la audición.
- ¿Te gusta, hijo?
- Mucho papa.
- Cuando tengas que tomar una grave decisión en tu
vida, recurre al lenguaje de los dioses. Que sea la música la que te aconseje;
no dejes que una frase en apariencia inteligente, intente enseñarte el camino,
te confundirá, el lenguaje hablado lo inventó el hombre para engañar sobre
donde ir a cazar. Un acorde sin embargo no se presta a equivoco, lo que te
sugiera eso será la realidad, un contrapunto te señalará el sentido de tu
dirección.
Mi padre tenía razón el arranque del concierto nº 5
me había susurrado cual debería ser mi actuación, sin espacio a la duda o a la
sospecha de equivocación. Estaba seguro. De inmediato me quedé profundamente
dormido. Recuperé la calma.
Los primeros rayos entraban por el ventanal de
levante cuando las persianas comenzaron a cerrarse para mantener la oscuridad,
pero ya mis ojos habían percibido la luz del día.
- Que entre la luz – di la orden a las persianas
que detuvieron su viaje y regresaron hacía su tambor – detente ahí – y las
persianas se detuvieron.
Los rayos del sol en la cara me elevaron la moral.
Salí del cuarto de costura seguido de una suave
brisa que impedía que el polvo entrase en la habitación. La puerta se cerró
impenetrable tras de mí.
En la sala paseando arriba y abajo di varias
órdenes:
- Haz café, lo quiero solo y con diez gramos de
azúcar. Dos tostadas. Aceite de oliva virgen extra de 0,5º.
- En seis minutos y doce segundos estará preparado
– contestó la casa.
- Genestore – dicté en voz alta a continuación.
El ventanal que daba a poniente se oscureció y
apareció una imagen de persona joven y sonriente, no humana a todas luces
aunque intentaba parecerlo.
- Genestore. Por favor su identificación.
Me acerqué al lector de cornea un segundo
- Buenos días Don Francisco, lamentamos la perdida
de su señora. En que podemos ayudarle.
- Deseo clones mío y de Doña Carmen con un plan de
acción para que se encuentren a los dieciocho años en la Universidad y podamos
reeditar nuestra vida. No soporto su ausencia. En cuanto a mí, deseo hacer el
seguimiento hasta que se conozcan.
- Sabe usted – hizo la admonición la imagen – que
no podrá interferir en el desarrollo de estos clones, la ley es muy estricta en
este punto. Les buscaremos familias homologas a las que ustedes tenían pero no
garantizamos que su relación se reedite.
- Lo se. Únicamente quiero hacer el seguimiento
hasta que lleguen a la
Universidad y se conozcan como hicimos nosotros. ¿Cómo van
ustedes de avanzados en la inserción de vivencias?
- Estamos en fase III y no podemos garantizarlo.
Cuando usted firmó el contrato esa cláusula no formaba parte del mismo porque era
solamente un proyecto.
- No importa.
- Deseará usted seguir viviendo después de los
dieciocho años o le programamos también la extinción.
- Sin programación de extinción. Me moriré cuando
me toque. Solo quiero saber que ellos empiezan una vida juntos.
- De acuerdo. Tengo que recordarle que cualquier
tipo de interferencia, voluntaria o fortuita con los clones por su parte
supondrá su extinción inmediata según el protocolo EX/67-NCR-42Y. ¿Estaba al
tanto?
- Estaba al tanto.
- Pasamos a comprobar el estado de conservación de
sus respectivos cordones para la obtención de células para la clonación. No se
retire.
Pasaron escasos segundos.
- Conforme. Los cordones umbilicales conservados de
Doña Carmen y suyos están en perfectas condiciones. ¿Cuando desea que comience
el proceso?
- Inmediatamente.
- La facturación con cargo a…
- Mi seguro de clonación que contraté con ustedes.
- Paso a la comprobación. De acuerdo. Está al día.
Le iremos informando de los pasos. ¿Querrá usted asistir a los partos?
- No, solo que se me informe de los destinos de los
niños y del plan general de acción.
- Correcto señor. En este momento damos orden de
que comience el proceso. En nueve meses sus clones estarán en el mundo en unas
familias homologas a las que ustedes tuvieron. Buenos días.
El ventanal de poniente se aclaró y permitió ver
como la luz se iba adueñando del cielo e inundando de luz solar la habitación.
Las luces artificiales se apagaron suavemente.
Francisco se dejó caer sobre una cheslón y sonrió
relajado y feliz. La voz envolvente y melodiosa de la casa le anunció que tenía
el desayuno preparado.
4.12.13
