Nunca debí desear ese tipo de sexo
Hay que tener cuidado con lo que se desea, no sea que se
consiga. Esto, nos decía una monja del colegio, que nada tenía que ver con el
resto de monjas, la hermana Valle, nunca la olvidaré y esto viene a cuento de
que a mis diecisiete años cuando hacia el amor con mi novio Jesús, fantaseaba
para mi que me trataba como si fuese una puta degenerada. Imaginaba que me
forzaba después de raptarme de un polígono industrial, donde medio desnuda
hacia la carrera principalmente con camioneros barrigones y malolientes. En
ocasiones para poder culminar mi orgasmo tenía que cerrar los ojos e imaginar
que un hombre ya mayor, vestido de cuero, con barriga, siempre con barriga,
detestable, sucio y oliendo a agrio, me agarraba de los pelos y me obligaba a
mamársela hasta que se corría y me atragantaba con su semen. Llegó un momento
en que el sexo que tenía con Jesús se convirtió en una sosería, imposible de
soportar. El pobre, que me quería de verdad, se desesperaba.
-
Pero ¿qué te falta?, ¿qué echas de menos, amor mío?,
estás fría como una losa de cementerio, parece que estoy haciendo el amor con
un cadáver, inmóvil, frío, insensible. ¿Finges los orgasmos, verdad?
Después de varias veces
intentando explicarle que me sucedía, aunque la vergüenza me embargaba, decidí
que no era legal seguir mintiéndole y que debería ser leal con él y decirle la
verdad. Sabía que le dolería pero más le iba a doler cuando se enterase de la
mentira.
-
Jesús, el sexo contigo no me satisface, le falta..., chispa,
es..., aburrido, insulso, pareces un calvinista corroído por la culpa y los
remordimientos. Creo que si usases el camisón con portañuela del siglo XV sería
más excitante.
-
Yo te hago el amor con toda la delicadeza de la que soy
capaz..., intento ser un amante perfecto, galante, respetuoso, lo que tú te
mereces que eres mi princesa.
-
Ese es el asunto..., demasiada delicadeza, le falta
algo de reciedumbre. ¿Sabes?, en mis fantasías me veo siendo poseída
violentamente por hombres sucios y groseros y eso me excita. Me penetran sin
piedad por delante por detrás y luego por la boca, me atan y me castigan y no
cesan de follarme hasta que caigo desfallecida. Ese sexo es el que me excita,
me hace chorrear, me atrae. Comprendo que lo que tu me proporcionas es lo
correcto pero a mi no me basta. Conociéndote se que nunca serías capaz de
proporcionarme un tipo de sexo así o por lo menos capaz de alimentarme estas
fantasías de las que seguro que abominas, así no vamos a poder seguir mi amor,
te quiero mucho pero en la cama no llegaremos a entendernos nunca.
Puso cara de inenarrable
sorpresa, enrojeció, no se si de vergüenza o irritación, abrió la boca
intentando articular palabra sin poder decir nada. Finalmente encogió lo
hombros adoptó habito de resignación mirándome de forma conmiserativa y me
contestó.
-
¿De manera que eso es lo que quieres?, estarás segura. Deberías
habérmelo dicho antes. Siempre desee penetrarte por detrás, me encanta el sexo
anal y ahora te confieso que tanto activo como pasivo, siempre que sea una
mujer la que me sodomice con un consolador mientras la follo, pero el respeto
que te tenía me impedía proponértelo, imaginaba que me despedirías
escandalizada de mis depravaciones. De igual manera me excitaba aún mas
penetrarte sin piedad alguna, al tiempo que otro lo hacia por el culo y otro te
poseía la boca.
-
Eso que estás diciendo me está mojando. Espero que no
sea esta respuesta una salida más o menos airosa a mi confesión. Y en quien habías
pensado para acompañarte en la orgía que está a punto de hacer que me corra
solo de pensarlo.
-
Espera, espera. ¿Seguro que estás hablando en serio...,
serio del todo? Me quieres convencer que no te importaría ahora mismo hacerlo
con quien yo te dijese.
-
Pues claro, Jesús. Me harías la mujer más feliz,
colmarías todas mis aspiraciones. Bueno, ¿en quien estás pensando?
Jesús me miró de forma penetrante
a los ojos, intentando averiguar donde estaba la trampa, después hizo un par de
llamadas, dijo cuatro palabras de las que no entendí el significado, apagó el
móvil, esbozó una sonrisa malévola que no le conocía y sin más espera me metió la mano con violencia por
debajo de la minifalda y de un tirón me arrancó el tanga. Eso me excito aún más
y di un gemido de placer.
-
¿Esto es lo que te va, no?, durillo. Pues duro va a
ser. Nos están esperando ya. Aparte de mí habrá otras cuatro personas.
Cuando pensé que cinco hombres me
iban a tener a su disposición me maree de excitación. Que inocencia la mía.
Luego me enteré que los hombres tienen siempre un lésbico en sus fantaseos
sexuales. Durante todo el camino en el coche hasta nuestro destino Jesús no
cesó de pellizcarme con fuerza, para provocarme dolor, en el clítoris y los
pezones. En un semáforo, se abrió la bragueta, dejó salir de su escondrijo el
pene tieso y reluciente y cogiéndome la cabeza con fuerza, sin importarle que
la gente que cruzaba se quedara mirando, me obligó a mamarle. No hubiera hecho
falta esa demostración de fuerza, porque yo después de tanto castigo al clítoris
y los pezones, que me ardían, me estaba corriendo de gusto y deseaba meterla en
mi boca, que se corriese y chuparle toda la leche hasta dejarle seco.
Finalmente llegamos a una
urbanización de las afueras de la ciudad, de esas que tiene todas las casitas
iguales con su jardín, su sótano y su buhardilla que les daba el falso aspecto
de villa de calidad. Al llegar a la verja, tocó la bocina y salió una chica a
abrir la puerta. Le dijo a Jesús que metiera el coche en el garaje, para que no
se viese.
Por una puerta lateral entramos a
la casa y de allí Jesús me llevó a empujones hasta el salón. La chica que nos abrió la verja estaba
ya de pie junto a la chimenea con el resto de habitantes de la casa, fumando,
observándome con insistencia. Sentados en un sofá un hombre entrado en años,
otro de mediana edad y uno joven, de la edad de Jesús mas o menos.
-
Os presento al putón de mi novia, se llama Verónica. No
sabe que es el sexo, aunque se corre pensando que se la follan por el culo
cuatro camioneros y quiere aprender cuanto antes las artes del buen gozar,
aunque haya que penar.
Con lo caliente que yo estaba
después del viaje, el oír que el muy educado Jesús me tildase de putón me hizo
estremecer de gusto. La verdad es que las secreciones me corrían por los muslos
y me provocaban aún mas excitación al sentirlos resbalosos deslizarse el uno
contra el otro.
Me presentó primero al más mayor,
se llamaba Marcelo. Se levantó del sofá, con bastante agilidad y se acercó a mí.
Sin mediar palabra me saco un pecho de la blusa, examinó su turgencia y
enrojecimiento y me lo pellizcó al tiempo que se mostraba encantado con una
amplia sonrisa en los labios. Al hacer intento de huir de la presa el hizo mas
fuerza aún y la acompañó de un cachete muy fuerte en el culo con la otra mano
al tiempo que deshacía su sonrisa de la cara y severo me avisaba que había que
ser obediente y aguantar lo que cada uno se había comprometido a aguantar, “y
si no haber tenido la boquita cerrada, zorra”. Después de Marcelo, que me
impresionó voluptuosamente me presentó al de mediana edad. Era el tío de Jesús,
Marcos. Marcelo era su íntimo amigo de francachelas. Me acerqué a darle un beso
y por toda respuesta me hizo arrodillarme y con destreza se saco la verga y me
la metió en la boca. Estuve así mamándole a la vista de todos hasta que le
pareció bien. Cuando se cansó me apartó sin miramientos dirigiéndose a su
sobrino.
-
¡A ver si enseñas a esta guarra a mamarla, lo hace
fatal! ¿No será tortillera?, vamos a ver.
Me cogió de los pelos me levantó,
me dio la vuelta me agachó y dirigió su polla a mi ano haciéndole conocer a su capullo
mis dimensiones de entrada, que eran de virgen por ese lado, pero cuando estaba
a punto de dar un golpe de caderas y destrozarme el culo Marcelo le dijo que se
dejase venir, que todo llegaría.
A estas alturas, y aún no
habíamos empezado, yo temblaba, no sabía si de excitación o de miedo, aunque me
tranquilizaba el hecho de que estuviese Jesús allí que jamás consentiría que se
me hiciese daño, o por lo menos lo que yo pensaba que sería un daño inaceptable
para él.
Seguidamente me presentaron al más
joven, Ricardo. Era guapísimo y tenía los ojos pintados, o eso creí yo. Al
presentarnos antes de hacer cualquier otra cosa se dirigió a Jesús.
-
No llevará ropa interior, eso sería imperdonable, no la
llevamos ninguno.
Jesús negó con la cabeza y con
habilidad y delicadeza, Ricardo, me acerco a él tocándome el sexo con suavidad.
Comprobó que estaba muy mojada y me metió los dedos de golpe lo que me hizo
gemir de gusto. De repente sacó uno de ellos y encontrando mí agujerito
posterior lo metió sin contemplaciones al tiempo que hurgaba bien dentro de la
vagina. Fue un placer raro, mezclado con incomodidad teñida de placer. Estuvo
así un rato hasta que sacó todos los dedos se los observó con curiosidad y me
los volvió a meter, pero esta vez solamente por el culo, después anunció a
todos:
-
Valdrá, haremos carrera de esta zorrita.
Cuando acabó, Marcos les dijo a
todos que al sótano a jugar. Me quedé mirando a Jesús extrañada y con descaro y
echando redaños, como si no estuviese asustada por lo que ni en las noches mas calenturientas
hubiera imaginado que me iba a suceder le dije a Jesús en alta voz:
-
¿No me dijiste que eran otros cuatro, además de tu
mismo, falta uno?
Me contesto con una fina y cínica
sonrisa, Marcos, que parecía que llevaba la voz cantante.
-
¿Es que no has reconocido a Sonia?, ella te abrió la
puerta. Sonia, saluda a nuestra invitada.
Me dio un vuelco el corazón, con
una tía yo no contaba para estos devaneos, me daban asco las mujeres, pero
aguanté el tipo. La mujer se me acercó y por el camino apagó el cigarrillo en
un cenicero. Llegó a mi altura y antes de que pudiera darme cuenta tenía su
lengua dentro de mi boca al tiempo que se quitaba la falda y restregaba su sexo
contra el mío. Estaba inmovilizada. Eso no lo habría sospechado nunca. Marcos
volviéndose a su sobrino le recriminó en broma.
-
¡Jesús!, ¿no le habías dicho que sin lésbico no hay
placer completo para un hombre como dios manda?
Sonia se apartó de mi satisfecha
del efecto que me había provocado, y siguió a todos, escaleras abajo al sótano.
Jesús bajó detrás de mí
abrazándome por la cintura circunstancia que aprovechó para desabrocharme la
minifalda, con lo que como la camisa que llevaba era cortita me encontré
desnuda antes de llegar abajo del todo. Me sentí incomoda porque yo era con
Sonia, la única que estaba desnuda y no sabía bien como actuar; taparme me
parecía fuera de lugar pero sentirme así expuesta no sabía como colocarme. No
sabía que enseguida iba a despejar la duda de cual tendría que ser la postura
mas adecuada.
Entré en una espaciosa sala que
si no ocupaba todo el bajo de la casa le faltaba poco. Tenía una especie de
mesa alta con argollas, un bastidor de metal con cadenas que colgaban y un
montón de otros instrumentos, algunos que imaginaba para que podrían servir y algunos
otros imposible de imaginar cual sería su aplicación. De entre los que si sabía
para que pudieran servir estaba una sustanciosa colección de dildos de
diferentes tamaños, formas y colores. Todos mis acompañantes se colocaron en
torno a la mesa y Jesús me dijo que me subiese para que todos pudieran verme
bien. Me encaramé a la mesa mediante un escabel que al efecto tenían previsto
para las que como yo jamás podrían jugar al basket. Me quedé encima de la mesa
de pie sin saber que hacer mientras todos me observaban sin decir nada.
Marcos con gestos me indicaba
algo que yo no entendía y cuando se cansó de que no la entendiese me indicó que
me acercase al borde de la mesa. Cuando estuve a su alcance me agarró la blusa
y de un tirón fuerte me la arrancó. Lancé un grito de terror, pero me excité
aún más, deseaba ser objeto de más violencia de ese tipo. Desnuda ya del todo
me ruboricé y me quedé cortada al principio, pero inmediatamente tome
conciencia de lo que estaba haciendo y de donde estaba y comencé a moverme de
la forma más lúbrica.
Ricardo en ese momento a
instancias de Marcelo me acercó hasta la mesa una buena colección de dildos de
diferentes tamaños y dejándolos allí esperando que yo los cogiese. Marcelo me
habló con urgencia y mando.
-
Vamos putilla aficionada, elige uno que te lo vas a
clavar para que veamos hasta donde eres capaz de llegar para excitarnos.
¡Querían que me metiese el
consolador! Yo les iba a enseñar como se excita y hace excitar una hembra con
su sexo. Para impresionarlos elegí un consolador largo y grueso que sabía que
me entraría bien y me haría gozar a mí de paso.
Empecé a excitarme con el roce
del cacharro haciendo movimientos más y más lúbricos hasta que la excitación me
hizo perder la poca vergüenza que me quedaba y a base de quejidos y gemidos
empecé a introducirme el dildo en la vagina. Cuando mas entusiasmada estaba,
Marcos me interrumpió al dirigirse a su sobrino Jesús.
-
Pero Jesús, ¿qué clase de puta loca nos has traído?
¡Tu, guarra!, ya sabemos que en el coño te entra de todo, queremos saber lo que
te entra por el culo, ten en cuenta que después tendrás que tragarte esto.
Y se saco su miembro en pie,
parado con un capullo gordo y sonrosado, brillante y terso que destilaba por la
punta abundante precum trasparente que colgaba filante hasta el suelo. Jesús
me alcanzó un tubo de vaselina echándomela desde donde se encontraba y yendo a
caer a mis pies. Me quedé paralizada sin saber que hacer. Había ensoñado
repetidas veces que me enculaban pero en realidad nadie me lo había hecho
jamás. Para mi desgracia el dildo que había elegido era enorme para mi ano pero
ya no había vuelta atrás, o me desvirgaba el culo yo con todo el cuidado del
mundo o lo harían todos aquellos sin moderación alguna. Me agaché y abrí el
tubo descargando una porción en mis dedos. Miré a Jesús, mi novio que por señas
me dijo que me pusiese bastante más. Le hice caso y me embadurne metiéndome un
dedo para que la vaselina penetrase bien. Luego me metí dos dedos para intentar
dilatar y empecé a sentir algo parecido al placer. Entrecerré los ojos para
concentrarme culeando mientras me metía y sacaba los dedos. Escuché a Ricardo
que decía en voz baja, mientras se frotaba suavemente el capullo: “Esto es otra
cosa, esto va prometiendo”. Eso me animó y seguí con mis contoneos metiéndome y
sacándome ya hasta tres dedos que entraban con dificultad mientras que con la
otra mano me pellizcaba los pezones con furia lo que me permitía arremeter
adentro con mis dedos. Llegó un momento en que sentí necesidad de que me
entrase el dildo y me lo apliqué al ojete con decisión. De un primer intento me
entró la punta y sentí una punzada, pero me aguanté. Seguí aplicando presión a
pesar del dolor y la vaselina hizo el resto. El ano parecía que absorbía el
consolador y a medida que entraba sentía que se me llenaba la vagina de una
forma diferente y me proporcionaba un placer tan tremendo que me hizo perder la
noción de donde me encontraba enloqueciendo por el deseo de que el dildo
siguiese entrando y entrando hasta el infinito. Se me olvidó que estaba siendo
observada y empecé a sentir un orgasmo interminable. De repente caí sobre la
mesa y noté que el dildo se me salía del ano. Me quejé ruidosamente de que se
me privase de esa fuente de placer y abrí los ojos. Alcancé a ver a Sonia que
me retiraba el consolador y vi a Marcos que se acercaba con uno más grande. Al
verlo acercarse le ofrecí el ano para que me penetrase y grité y grité hasta
desfallecer.
-
¡Clávamelo, por favor, clávamelo en el culo!
Marcos ni se molestó en lubricar
el enorme dildo, me lo apuntó y empujó sin contemplaciones. Sentí que estallaba
por dentro al tiempo que el clítoris desde dentro me era empujado hacía arriba
y afuera haciéndome volver a gozar. Era una mezcla de dolor, presión y placer
incalculable. Me quejaba de gozo de forma desvergonzada reclamando más y más.
Miraba enfebrecida a mí alrededor y solo veía caras sonrientes y llenas de
vicio. Alguien que no supe identificar le dijo a Sonia que me pusiese el sexo
al alcance de mi boca. Sonia se despojó del resto de su ropa y quedo desnuda del
todo. Me volvió boca arriba y mientras, Jesús, mi novio, me levantaba las
piernas y las separaba para que Marcos pudiese violarme por el culo con el
consolador y así permitir además que Sonia me cabalgase sobre mi cuello
poniéndome su sexo sobre mi boca. Nunca había hecho nada parecido pero me
pareció una propuesta magnifica. Chupé, mordisquee y lamí con avidez el chocho
de Sonia que gemía de placer y les anunciaba al resto incluido mi novio. Yo por
mi parte no llegué ni siquiera a plantearme que tuviera que sentir asco de
comerle el sexo a una tía, sencillamente hacerlo añadía placer al que
experimentaba al ser violentada por el culo con enorme dildo.
-
Esta zorra sabe comerse un coño, tiene arte. ¿Estás
seguro, Jesús que no se lo hace con ninguna amiguita?
No hubo respuesta y yo me sentí
halagada de esa apreciación aplicándome con más fruición aún, haciendo que la
mujer alcanzase el orgasmo rápidamente. Pero yo seguía insatisfecha. Deseaba
mas, quería sentirme mas llena por todos mis agujeros. Sonia ahíta de placer se
había retirado de mi cara. Parecía que había pasado un siglo desde que Sonia
desapareció cuando ocupó su lugar Ricardo en mi cuello. Me colocó sus huevos en la boca y se deslizaba adelante
y atrás de forma que alternativamente le chupaba las bolsas o el ano en el que
metía la lengua con avidez, con tanta que llegó un momento que debí provocar
tanto placer en el ano a Ricardo que se detuvo sobre mi boca y se restregaba
con fuerza para que le clavase la lengua lo mas profundamente posible. Estaba
entusiasmada intentando penetrar en el ano de Ricardo cuando noté que me reventaban las entrañas. Marcos
había sacado el dildo después de trabajarlo exhaustivamente y metía con fuerza
su mano en mi ano y al tiempo utilizaba el dildo para penetrar por mi coño.
Sentía que me reventaba pero le pedía que me reventase ya, necesitaba que me
destrozase. A un orgasmo se sucedía otro y estaba ya agotada de tanto placer
cuando de repente todo se detuvo. Marcos se retiro de mi ano y mi vagina,
Ricardo descendió de mi cabeza y quedé desfallecida deseando dormir. Estaba a
punto de quedar felizmente dormida cuando un dolor punzante en uno de mis
pezones me hizo levantarme de súbito.
Cual no sería mi sorpresa cuando
vi a mi novio, Jesús, perforándome con unos ganchos afilados primero un pezón
que fue el que me alertó con su dolor y llevaba en la mano el otro gancho
destinado al otro pezón. Intenté defenderme y rápido como el rayo varias manos
me inmovilizaron. Jesús me miraba, al parecer encantado de lo que hacia, sonriente
y me decía:
-
Este tipo de sexo es el mejor, ¿verdad mi amor? Así,
duro, estas son las emociones que tú buscabas, pues aquí las tienes. Disfruta,
esto no ha hecho más que empezar.
Me perforó el otro pezón al
tiempo que yo desgarraba el ambiente con un grito de dolor ilimitado, pero no
lo rechazaba, lo deseaba. Enganchó
después a cada anzuelo el extremo de una cadena. El dolor agudo fue
aminorándose y sentí que los pezones estimulados por la agresión sangrienta se
endurecían y me provocaban mucho placer, algo parecido a un orgasmo brutal de
dolor y deseo, algo que ni se me hubiese pasado por la cabeza.
Marcelo, desnudo del todo, como
todos ya a estas alturas, enarbolando un enorme pene me apartó del centro de la
mesa y se tumbo boca arriba con su enorme verga insultantemente enhiesta
apuntando al techo. Jesús me ayudó a levantarme y me depositó sobre esa carne
dura y amenazante. Me sentí deliciosamente clavada por mi vagina y una punzada
me atravesó el cuerpo desde el clítoris hasta el ano. Los pezones estaban al
rojo, me dolían y me daban gusto a un tiempo. Yo estaba disfrutando cabalgando
sobre esa pija tan grande cuando Marcelo agarró la cadena que conectaba los
pezones y de un tirón brutal hizo que abandonase con un grito mi posición
erecta y me plegase sobre su pecho. En ese instante sentí que alguien me
penetraba el ano haciéndome sentir plena. Empecé a sentir otro orgasmo, uno más, brutal, que me hacía casi convulsionar y casi
perder el conocimiento. Cuando más disfrutaba sentí que quien me sodomizaba se
salía de mi cuerpo y saltando por encima de mí se colocaba delante y me
penetraba la boca hasta la garganta haciéndome atragantar. Era Jesús el que se
había salido de mi culo e inmediatamente me la metía en la boca. El sabor de su
verga no dejaba lugar a dudas de donde había estado, pero mi estado de
excitación era tal que deseaba que ese asqueroso sabor fuese aún mas intenso.
Estaba mamando encantada de ser sometida a esas vejaciones cuando sentí que me
volvían a penetrar el ano y fue ya el acabose. Marcelo al ver mi estado de
locura sexual intentó hacerme bajar mi
temperatura y me dio otro tirón de la cadena de los pezones, pero el resultado
fue el opuesto porque el tremendo dolor que me desgarraba los pechos hizo que
el orgasmo se desencadenase de tal manera e intensidad que con un enorme grito,
lo último que recuerdo, me desvanecí del todo.
Me desperté en el apartamento de
mi novio. El estaba a mi lado y me acariciaba y me besaba por todos lados con
una tremenda suavidad. Me susurraba muy tierno que me quería y que quería
casarse conmigo. Abrí los ojos y le dije:
-
No te puedes ni imaginar lo que he soñado. Uffff, que
sueño más..., más...tórrido. me da vergüenza hasta contártelo.
-
Inténtalo, a lo mejor..., no me asusto.
Hice intención de incorporarme en
la cama y al hacerlo un dolor lancinante en los pezones me hizo comprender, y
con un grito me derrumbé en la cama otra vez.
Jesús me miraba divertido con
aire de suficiencia. Dejó pasar un rato para que tomase conciencia de que lo
que yo creía un sueño no era más que una pesadilla absolutamente real.
-
¿Vas a querer repetirlo, o preferirías que siguiéramos
como antes? No me importaría ser un depravado contigo si eso es lo que te
gusta, pero, ¿no crees que ese tipo de sexo fantasioso no conduce más que a una
vida marginal?
No supe que contestar o quizá
temía dar la contestación equivocada. Me había dado una lección. Era una niña
estúpida y malcriada que creía que estaba muy avanzada en sexo porque era capaz
de imaginar cosas y situaciones que en el fondo no creía que pudieran darse y
me había dejado meridiano que esas practicas estaban tan cerca y eran tan
reales como que él mismo, Jesús, podía organizar una sesión de esas en minutos.
Miré con ojos implorantes a Jesús
y le pedí perdón por haber sido tan cabeza loca y tan tonta. Mientras él me
abrazaba diciéndome que no me preocupase mas, yo pensaba en que manera de
disfrutar mas tremenda. Con Jesús de compañero eso se tendría que repetir, no
tendría más que echarle en cara que era sosote en su sexo para que intentase
darme otra lección. Al abrazarme sentía como los pezones me dolían y al tiempo
empezaba a destilar lubricación por mi vagina. Ese dolor no lo era tanto, era
placer adulto. Se repetiría. Me obligaría a repetirlo, no creía que pudiese
pasar mucho tiempo sin ese tipo de sexo.
Nunca debí desear vivir una
experiencia así. Ahora ya con el veneno en el cuerpo no había salvación ni antídoto
posible. Pero no importaba, deseaba repetirlo y lo haría y más bestia aún si
pudiera, para que el placer lo fuese también así, atroz y salvaje.
23.11.12