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viernes, 23 de noviembre de 2012

NUNCA DEBI DESEAR ESE TIPO DE SEXO

Nunca debí desear ese tipo de sexo


Hay que tener cuidado con lo que se desea, no sea que se consiga. Esto, nos decía una monja del colegio, que nada tenía que ver con el resto de monjas, la hermana Valle, nunca la olvidaré y esto viene a cuento de que a mis diecisiete años cuando hacia el amor con mi novio Jesús, fantaseaba para mi que me trataba como si fuese una puta degenerada. Imaginaba que me forzaba después de raptarme de un polígono industrial, donde medio desnuda hacia la carrera principalmente con camioneros barrigones y malolientes. En ocasiones para poder culminar mi orgasmo tenía que cerrar los ojos e imaginar que un hombre ya mayor, vestido de cuero, con barriga, siempre con barriga, detestable, sucio y oliendo a agrio, me agarraba de los pelos y me obligaba a mamársela hasta que se corría y me atragantaba con su semen. Llegó un momento en que el sexo que tenía con Jesús se convirtió en una sosería, imposible de soportar. El pobre, que me quería de verdad, se desesperaba.
-          Pero ¿qué te falta?, ¿qué echas de menos, amor mío?, estás fría como una losa de cementerio, parece que estoy haciendo el amor con un cadáver, inmóvil, frío, insensible. ¿Finges los orgasmos, verdad?
Después de varias veces intentando explicarle que me sucedía, aunque la vergüenza me embargaba, decidí que no era legal seguir mintiéndole y que debería ser leal con él y decirle la verdad. Sabía que le dolería pero más le iba a doler cuando se enterase de la mentira.
-          Jesús, el sexo contigo no me satisface, le falta..., chispa, es..., aburrido, insulso, pareces un calvinista corroído por la culpa y los remordimientos. Creo que si usases el camisón con portañuela del siglo XV sería más excitante.
-          Yo te hago el amor con toda la delicadeza de la que soy capaz..., intento ser un amante perfecto, galante, respetuoso, lo que tú te mereces que eres mi princesa.
-          Ese es el asunto..., demasiada delicadeza, le falta algo de reciedumbre. ¿Sabes?, en mis fantasías me veo siendo poseída violentamente por hombres sucios y groseros y eso me excita. Me penetran sin piedad por delante por detrás y luego por la boca, me atan y me castigan y no cesan de follarme hasta que caigo desfallecida. Ese sexo es el que me excita, me hace chorrear, me atrae. Comprendo que lo que tu me proporcionas es lo correcto pero a mi no me basta. Conociéndote se que nunca serías capaz de proporcionarme un tipo de sexo así o por lo menos capaz de alimentarme estas fantasías de las que seguro que abominas, así no vamos a poder seguir mi amor, te quiero mucho pero en la cama no llegaremos a entendernos nunca.
Puso cara de inenarrable sorpresa, enrojeció, no se si de vergüenza o irritación, abrió la boca intentando articular palabra sin poder decir nada. Finalmente encogió lo hombros adoptó habito de resignación mirándome de forma conmiserativa y me contestó.
-          ¿De manera que eso es lo que quieres?, estarás segura. Deberías habérmelo dicho antes. Siempre desee penetrarte por detrás, me encanta el sexo anal y ahora te confieso que tanto activo como pasivo, siempre que sea una mujer la que me sodomice con un consolador mientras la follo, pero el respeto que te tenía me impedía proponértelo, imaginaba que me despedirías escandalizada de mis depravaciones. De igual manera me excitaba aún mas penetrarte sin piedad alguna, al tiempo que otro lo hacia por el culo y otro te poseía la boca.
-          Eso que estás diciendo me está mojando. Espero que no sea esta respuesta una salida más o menos airosa a mi confesión. Y en quien habías pensado para acompañarte en la orgía que está a punto de hacer que me corra solo de pensarlo.
-          Espera, espera. ¿Seguro que estás hablando en serio..., serio del todo? Me quieres convencer que no te importaría ahora mismo hacerlo con quien yo te dijese.
-          Pues claro, Jesús. Me harías la mujer más feliz, colmarías todas mis aspiraciones. Bueno, ¿en quien estás pensando?
Jesús me miró de forma penetrante a los ojos, intentando averiguar donde estaba la trampa, después hizo un par de llamadas, dijo cuatro palabras de las que no entendí el significado, apagó el móvil, esbozó una sonrisa malévola que no le conocía y sin  más espera me metió la mano con violencia por debajo de la minifalda y de un tirón me arrancó el tanga. Eso me excito aún más y di un gemido de placer.
-          ¿Esto es lo que te va, no?, durillo. Pues duro va a ser. Nos están esperando ya. Aparte de mí habrá otras cuatro personas.
Cuando pensé que cinco hombres me iban a tener a su disposición me maree de excitación. Que inocencia la mía. Luego me enteré que los hombres tienen siempre un lésbico en sus fantaseos sexuales. Durante todo el camino en el coche hasta nuestro destino Jesús no cesó de pellizcarme con fuerza, para provocarme dolor, en el clítoris y los pezones. En un semáforo, se abrió la bragueta, dejó salir de su escondrijo el pene tieso y reluciente y cogiéndome la cabeza con fuerza, sin importarle que la gente que cruzaba se quedara mirando, me obligó a mamarle. No hubiera hecho falta esa demostración de fuerza, porque yo después de tanto castigo al clítoris y los pezones, que me ardían, me estaba corriendo de gusto y deseaba meterla en mi boca, que se corriese y chuparle toda la leche hasta dejarle seco.
Finalmente llegamos a una urbanización de las afueras de la ciudad, de esas que tiene todas las casitas iguales con su jardín, su sótano y su buhardilla que les daba el falso aspecto de villa de calidad. Al llegar a la verja, tocó la bocina y salió una chica a abrir la puerta. Le dijo a Jesús que metiera el coche en el garaje, para que no se viese.
Por una puerta lateral entramos a la casa y de allí Jesús me llevó a empujones hasta el  salón. La chica que nos abrió la verja estaba ya de pie junto a la chimenea con el resto de habitantes de la casa, fumando, observándome con insistencia. Sentados en un sofá un hombre entrado en años, otro de mediana edad y uno joven, de la edad de Jesús mas o menos.
-          Os presento al putón de mi novia, se llama Verónica. No sabe que es el sexo, aunque se corre pensando que se la follan por el culo cuatro camioneros y quiere aprender cuanto antes las artes del buen gozar, aunque haya que penar.
Con lo caliente que yo estaba después del viaje, el oír que el muy educado Jesús me tildase de putón me hizo estremecer de gusto. La verdad es que las secreciones me corrían por los muslos y me provocaban aún mas excitación al sentirlos resbalosos deslizarse el uno contra el otro.
Me presentó primero al más mayor, se llamaba Marcelo. Se levantó del sofá, con bastante agilidad y se acercó a mí. Sin mediar palabra me saco un pecho de la blusa, examinó su turgencia y enrojecimiento y me lo pellizcó al tiempo que se mostraba encantado con una amplia sonrisa en los labios. Al hacer intento de huir de la presa el hizo mas fuerza aún y la acompañó de un cachete muy fuerte en el culo con la otra mano al tiempo que deshacía su sonrisa de la cara y severo me avisaba que había que ser obediente y aguantar lo que cada uno se había comprometido a aguantar, “y si no haber tenido la boquita cerrada, zorra”. Después de Marcelo, que me impresionó voluptuosamente me presentó al de mediana edad. Era el tío de Jesús, Marcos. Marcelo era su íntimo amigo de francachelas. Me acerqué a darle un beso y por toda respuesta me hizo arrodillarme y con destreza se saco la verga y me la metió en la boca. Estuve así mamándole a la vista de todos hasta que le pareció bien. Cuando se cansó me apartó sin miramientos dirigiéndose a su sobrino.
-          ¡A ver si enseñas a esta guarra a mamarla, lo hace fatal! ¿No será tortillera?, vamos a ver.
Me cogió de los pelos me levantó, me dio la vuelta me agachó y dirigió su polla a mi ano haciéndole conocer a su capullo mis dimensiones de entrada, que eran de virgen por ese lado, pero cuando estaba a punto de dar un golpe de caderas y destrozarme el culo Marcelo le dijo que se dejase venir, que todo llegaría.
A estas alturas, y aún no habíamos empezado, yo temblaba, no sabía si de excitación o de miedo, aunque me tranquilizaba el hecho de que estuviese Jesús allí que jamás consentiría que se me hiciese daño, o por lo menos lo que yo pensaba que sería un daño inaceptable para él.
Seguidamente me presentaron al más joven, Ricardo. Era guapísimo y tenía los ojos pintados, o eso creí yo. Al presentarnos antes de hacer cualquier otra cosa se dirigió a Jesús.
-          No llevará ropa interior, eso sería imperdonable, no la llevamos ninguno.
Jesús negó con la cabeza y con habilidad y delicadeza, Ricardo, me acerco a él tocándome el sexo con suavidad. Comprobó que estaba muy mojada y me metió los dedos de golpe lo que me hizo gemir de gusto. De repente sacó uno de ellos y encontrando mí agujerito posterior lo metió sin contemplaciones al tiempo que hurgaba bien dentro de la vagina. Fue un placer raro, mezclado con incomodidad teñida de placer. Estuvo así un rato hasta que sacó todos los dedos se los observó con curiosidad y me los volvió a meter, pero esta vez solamente por el culo, después anunció a todos:
-          Valdrá, haremos carrera de esta zorrita.
Cuando acabó, Marcos les dijo a todos que al sótano a jugar. Me quedé mirando a Jesús extrañada y con descaro y echando redaños, como si no estuviese asustada por lo que ni en las noches mas calenturientas hubiera imaginado que me iba a suceder le dije a Jesús en alta voz:
-          ¿No me dijiste que eran otros cuatro, además de tu mismo, falta uno?
Me contesto con una fina y cínica sonrisa, Marcos, que parecía que llevaba la voz cantante.
-          ¿Es que no has reconocido a Sonia?, ella te abrió la puerta. Sonia, saluda a nuestra invitada.
Me dio un vuelco el corazón, con una tía yo no contaba para estos devaneos, me daban asco las mujeres, pero aguanté el tipo. La mujer se me acercó y por el camino apagó el cigarrillo en un cenicero. Llegó a mi altura y antes de que pudiera darme cuenta tenía su lengua dentro de mi boca al tiempo que se quitaba la falda y restregaba su sexo contra el mío. Estaba inmovilizada. Eso no lo habría sospechado nunca. Marcos volviéndose a su sobrino le recriminó en broma.
-          ¡Jesús!, ¿no le habías dicho que sin lésbico no hay placer completo para un hombre como dios manda?
Sonia se apartó de mi satisfecha del efecto que me había provocado, y siguió a todos, escaleras abajo al sótano.
Jesús bajó detrás de mí abrazándome por la cintura circunstancia que aprovechó para desabrocharme la minifalda, con lo que como la camisa que llevaba era cortita me encontré desnuda antes de llegar abajo del todo. Me sentí incomoda porque yo era con Sonia, la única que estaba desnuda y no sabía bien como actuar; taparme me parecía fuera de lugar pero sentirme así expuesta no sabía como colocarme. No sabía que enseguida iba a despejar la duda de cual tendría que ser la postura mas adecuada.
Entré en una espaciosa sala que si no ocupaba todo el bajo de la casa le faltaba poco. Tenía una especie de mesa alta con argollas, un bastidor de metal con cadenas que colgaban y un montón de otros instrumentos, algunos que imaginaba para que podrían servir y algunos otros imposible de imaginar cual sería su aplicación. De entre los que si sabía para que pudieran servir estaba una sustanciosa colección de dildos de diferentes tamaños, formas y colores. Todos mis acompañantes se colocaron en torno a la mesa y Jesús me dijo que me subiese para que todos pudieran verme bien. Me encaramé a la mesa mediante un escabel que al efecto tenían previsto para las que como yo jamás podrían jugar al basket. Me quedé encima de la mesa de pie sin saber que hacer mientras todos me observaban sin decir nada.
Marcos con gestos me indicaba algo que yo no entendía y cuando se cansó de que no la entendiese me indicó que me acercase al borde de la mesa. Cuando estuve a su alcance me agarró la blusa y de un tirón fuerte me la arrancó. Lancé un grito de terror, pero me excité aún más, deseaba ser objeto de más violencia de ese tipo. Desnuda ya del todo me ruboricé y me quedé cortada al principio, pero inmediatamente tome conciencia de lo que estaba haciendo y de donde estaba y comencé a moverme de la forma más lúbrica.
Ricardo en ese momento a instancias de Marcelo me acercó hasta la mesa una buena colección de dildos de diferentes tamaños y dejándolos allí esperando que yo los cogiese. Marcelo me habló con urgencia y mando.
-          Vamos putilla aficionada, elige uno que te lo vas a clavar para que veamos hasta donde eres capaz de llegar para excitarnos.
¡Querían que me metiese el consolador! Yo les iba a enseñar como se excita y hace excitar una hembra con su sexo. Para impresionarlos elegí un consolador largo y grueso que sabía que me entraría bien y me haría gozar a mí de paso.
Empecé a excitarme con el roce del cacharro haciendo movimientos más y más lúbricos hasta que la excitación me hizo perder la poca vergüenza que me quedaba y a base de quejidos y gemidos empecé a introducirme el dildo en la vagina. Cuando mas entusiasmada estaba, Marcos me interrumpió al dirigirse a su sobrino Jesús.
-          Pero Jesús, ¿qué clase de puta loca nos has traído? ¡Tu, guarra!, ya sabemos que en el coño te entra de todo, queremos saber lo que te entra por el culo, ten en cuenta que después tendrás que tragarte esto.
Y se saco su miembro en pie, parado con un capullo gordo y sonrosado, brillante y terso que destilaba por la punta abundante precum trasparente que colgaba filante hasta el suelo. Jesús me alcanzó un tubo de vaselina echándomela desde donde se encontraba y yendo a caer a mis pies. Me quedé paralizada sin saber que hacer. Había ensoñado repetidas veces que me enculaban pero en realidad nadie me lo había hecho jamás. Para mi desgracia el dildo que había elegido era enorme para mi ano pero ya no había vuelta atrás, o me desvirgaba el culo yo con todo el cuidado del mundo o lo harían todos aquellos sin moderación alguna. Me agaché y abrí el tubo descargando una porción en mis dedos. Miré a Jesús, mi novio que por señas me dijo que me pusiese bastante más. Le hice caso y me embadurne metiéndome un dedo para que la vaselina penetrase bien. Luego me metí dos dedos para intentar dilatar y empecé a sentir algo parecido al placer. Entrecerré los ojos para concentrarme culeando mientras me metía y sacaba los dedos. Escuché a Ricardo que decía en voz baja, mientras se frotaba suavemente el capullo: “Esto es otra cosa, esto va prometiendo”. Eso me animó y seguí con mis contoneos metiéndome y sacándome ya hasta tres dedos que entraban con dificultad mientras que con la otra mano me pellizcaba los pezones con furia lo que me permitía arremeter adentro con mis dedos. Llegó un momento en que sentí necesidad de que me entrase el dildo y me lo apliqué al ojete con decisión. De un primer intento me entró la punta y sentí una punzada, pero me aguanté. Seguí aplicando presión a pesar del dolor y la vaselina hizo el resto. El ano parecía que absorbía el consolador y a medida que entraba sentía que se me llenaba la vagina de una forma diferente y me proporcionaba un placer tan tremendo que me hizo perder la noción de donde me encontraba enloqueciendo por el deseo de que el dildo siguiese entrando y entrando hasta el infinito. Se me olvidó que estaba siendo observada y empecé a sentir un orgasmo interminable. De repente caí sobre la mesa y noté que el dildo se me salía del ano. Me quejé ruidosamente de que se me privase de esa fuente de placer y abrí los ojos. Alcancé a ver a Sonia que me retiraba el consolador y vi a Marcos que se acercaba con uno más grande. Al verlo acercarse le ofrecí el ano para que me penetrase y grité y grité hasta desfallecer.
-          ¡Clávamelo, por favor, clávamelo en el culo!
Marcos ni se molestó en lubricar el enorme dildo, me lo apuntó y empujó sin contemplaciones. Sentí que estallaba por dentro al tiempo que el clítoris desde dentro me era empujado hacía arriba y afuera haciéndome volver a gozar. Era una mezcla de dolor, presión y placer incalculable. Me quejaba de gozo de forma desvergonzada reclamando más y más. Miraba enfebrecida a mí alrededor y solo veía caras sonrientes y llenas de vicio. Alguien que no supe identificar le dijo a Sonia que me pusiese el sexo al alcance de mi boca. Sonia se despojó del resto de su ropa y quedo desnuda del todo. Me volvió boca arriba y mientras, Jesús, mi novio, me levantaba las piernas y las separaba para que Marcos pudiese violarme por el culo con el consolador y así permitir además que Sonia me cabalgase sobre mi cuello poniéndome su sexo sobre mi boca. Nunca había hecho nada parecido pero me pareció una propuesta magnifica. Chupé, mordisquee y lamí con avidez el chocho de Sonia que gemía de placer y les anunciaba al resto incluido mi novio. Yo por mi parte no llegué ni siquiera a plantearme que tuviera que sentir asco de comerle el sexo a una tía, sencillamente hacerlo añadía placer al que experimentaba al ser violentada por el culo con enorme dildo.
-          Esta zorra sabe comerse un coño, tiene arte. ¿Estás seguro, Jesús que no se lo hace con ninguna amiguita?
No hubo respuesta y yo me sentí halagada de esa apreciación aplicándome con más fruición aún, haciendo que la mujer alcanzase el orgasmo rápidamente. Pero yo seguía insatisfecha. Deseaba mas, quería sentirme mas llena por todos mis agujeros. Sonia ahíta de placer se había retirado de mi cara. Parecía que había pasado un siglo desde que Sonia desapareció cuando ocupó su lugar Ricardo en mi cuello. Me colocó  sus huevos en la boca y se deslizaba adelante y atrás de forma que alternativamente le chupaba las bolsas o el ano en el que metía la lengua con avidez, con tanta que llegó un momento que debí provocar tanto placer en el ano a Ricardo que se detuvo sobre mi boca y se restregaba con fuerza para que le clavase la lengua lo mas profundamente posible. Estaba entusiasmada intentando penetrar en el ano de Ricardo cuando  noté que me reventaban las entrañas. Marcos había sacado el dildo después de trabajarlo exhaustivamente y metía con fuerza su mano en mi ano y al tiempo utilizaba el dildo para penetrar por mi coño. Sentía que me reventaba pero le pedía que me reventase ya, necesitaba que me destrozase. A un orgasmo se sucedía otro y estaba ya agotada de tanto placer cuando de repente todo se detuvo. Marcos se retiro de mi ano y mi vagina, Ricardo descendió de mi cabeza y quedé desfallecida deseando dormir. Estaba a punto de quedar felizmente dormida cuando un dolor punzante en uno de mis pezones me hizo levantarme de súbito.
Cual no sería mi sorpresa cuando vi a mi novio, Jesús, perforándome con unos ganchos afilados primero un pezón que fue el que me alertó con su dolor y llevaba en la mano el otro gancho destinado al otro pezón. Intenté defenderme y rápido como el rayo varias manos me inmovilizaron. Jesús me miraba, al parecer encantado de lo que hacia, sonriente y me decía:
-          Este tipo de sexo es el mejor, ¿verdad mi amor? Así, duro, estas son las emociones que tú buscabas, pues aquí las tienes. Disfruta, esto no ha hecho más que empezar.
Me perforó el otro pezón al tiempo que yo desgarraba el ambiente con un grito de dolor ilimitado, pero no lo rechazaba, lo deseaba.  Enganchó después a cada anzuelo el extremo de una cadena. El dolor agudo fue aminorándose y sentí que los pezones estimulados por la agresión sangrienta se endurecían y me provocaban mucho placer, algo parecido a un orgasmo brutal de dolor y deseo, algo que ni se me hubiese pasado por la cabeza.
Marcelo, desnudo del todo, como todos ya a estas alturas, enarbolando un enorme pene me apartó del centro de la mesa y se tumbo boca arriba con su enorme verga insultantemente enhiesta apuntando al techo. Jesús me ayudó a levantarme y me depositó sobre esa carne dura y amenazante. Me sentí deliciosamente clavada por mi vagina y una punzada me atravesó el cuerpo desde el clítoris hasta el ano. Los pezones estaban al rojo, me dolían y me daban gusto a un tiempo. Yo estaba disfrutando cabalgando sobre esa pija tan grande cuando Marcelo agarró la cadena que conectaba los pezones y de un tirón brutal hizo que abandonase con un grito mi posición erecta y me plegase sobre su pecho. En ese instante sentí que alguien me penetraba el ano haciéndome sentir plena. Empecé a sentir otro orgasmo, uno más,  brutal, que me hacía casi convulsionar y casi perder el conocimiento. Cuando más disfrutaba sentí que quien me sodomizaba se salía de mi cuerpo y saltando por encima de mí se colocaba delante y me penetraba la boca hasta la garganta haciéndome atragantar. Era Jesús el que se había salido de mi culo e inmediatamente me la metía en la boca. El sabor de su verga no dejaba lugar a dudas de donde había estado, pero mi estado de excitación era tal que deseaba que ese asqueroso sabor fuese aún mas intenso. Estaba mamando encantada de ser sometida a esas vejaciones cuando sentí que me volvían a penetrar el ano y fue ya el acabose. Marcelo al ver mi estado de locura  sexual intentó hacerme bajar mi temperatura y me dio otro tirón de la cadena de los pezones, pero el resultado fue el opuesto porque el tremendo dolor que me desgarraba los pechos hizo que el orgasmo se desencadenase de tal manera e intensidad que con un enorme grito, lo último que recuerdo, me desvanecí del todo.
Me desperté en el apartamento de mi novio. El estaba a mi lado y me acariciaba y me besaba por todos lados con una tremenda suavidad. Me susurraba muy tierno que me quería y que quería casarse conmigo. Abrí los ojos y le dije:
-          No te puedes ni imaginar lo que he soñado. Uffff, que sueño más..., más...tórrido. me da vergüenza hasta contártelo.
-          Inténtalo, a lo mejor..., no me asusto.
Hice intención de incorporarme en la cama y al hacerlo un dolor lancinante en los pezones me hizo comprender, y con un grito me derrumbé en la cama otra vez.
Jesús me miraba divertido con aire de suficiencia. Dejó pasar un rato para que tomase conciencia de que lo que yo creía un sueño no era más que una pesadilla absolutamente real.
-          ¿Vas a querer repetirlo, o preferirías que siguiéramos como antes? No me importaría ser un depravado contigo si eso es lo que te gusta, pero, ¿no crees que ese tipo de sexo fantasioso no conduce más que a una vida marginal?
No supe que contestar o quizá temía dar la contestación equivocada. Me había dado una lección. Era una niña estúpida y malcriada que creía que estaba muy avanzada en sexo porque era capaz de imaginar cosas y situaciones que en el fondo no creía que pudieran darse y me había dejado meridiano que esas practicas estaban tan cerca y eran tan reales como que él mismo, Jesús, podía organizar una sesión de esas en minutos.
Miré con ojos implorantes a Jesús y le pedí perdón por haber sido tan cabeza loca y tan tonta. Mientras él me abrazaba diciéndome que no me preocupase mas, yo pensaba en que manera de disfrutar mas tremenda. Con Jesús de compañero eso se tendría que repetir, no tendría más que echarle en cara que era sosote en su sexo para que intentase darme otra lección. Al abrazarme sentía como los pezones me dolían y al tiempo empezaba a destilar lubricación por mi vagina. Ese dolor no lo era tanto, era placer adulto. Se repetiría. Me obligaría a repetirlo, no creía que pudiese pasar mucho tiempo sin ese tipo de sexo.
Nunca debí desear vivir una experiencia así. Ahora ya con el veneno en el cuerpo no había salvación ni antídoto posible. Pero no importaba, deseaba repetirlo y lo haría y más bestia aún si pudiera, para que el placer lo fuese también así, atroz y salvaje.

23.11.12

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