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lunes, 1 de julio de 2013

PASEO AL ATARDECER

Paseo al atardecer



Circulo moroso por la calle; en mis auriculares suena brioso Peer Gynt. Me hace caminar a unos cinco centímetros sobre el pavimento y no escucho los saludos de quien me quiere saludar. El ochenta y cinco por ciento de los que me cruzo me miran intensos; quieren saludarme. Me quiere la gente. Por interés o por mi entrega, no se…, tampoco me preocupa…, pero yo miro al frente y me sumerjo en la cuerda de Grieg. 
Me molesta que me quieran cuando quien debiera quererme no lo hace y quien se que me quiere, no puede demostrármelo.
La tarde es deliciosa y templada. El viento de levante no está tan irritado como de costumbre, Eolo, en este mar entre dos mundos dejaba a Céfiro su lugar para que respirasen las flores. El cielo es azul y las campanas de las monjas repiquetean llamando a vísperas. Cambio a Grieg por Monteverdi en mi MP3 y me extasío a todo trapo con las Vísperas de Nuestra Señora. La gente me sigue saludando mientras supongo que se preguntan del porqué de mi llanto. Siempre Monteverdi me hace rodar ese mar salado en miniatura que son las lágrimas mejillas abajo, supongo que de solidaridad, porque de arrepentimiento hace tiempo que deje de tener. Un día, decidí que solo podría haberme arrepentido de haber nacido y esa no fue mi responsabilidad. (Tengo que preguntarle a mi madre porqué no tuvo la tentación de abortarme) hoy no hay nada de lo que arrepentirse por consiguiente no existe el pecado, ese gran invento de la alta Edad Media para sujetar a la gente y no se rebelase.
Mientras camino haciendo inclinaciones de cabeza y levantando levemente la mano para gestualizar los saludos escucho el alboroto de las bandadas de estorninos entre las voces del canto llano, y me alegra poder escucharlos. Casi tengo la tentación de entrar a las monjas a sentir el silencio preñado de incienso, pero tengo demasiadas reservas mentales con la Organización como para entrar en uno de sus templos y continúo camino hacia casa escuchando las oraciones de ángeles.
De repente me siento infeliz. Deseo estar solo. Ahora llegaré a mi casa, cómoda casa, envidiada casa y me da asco tener que poder ser señalado como alguien privilegiado. Pero es mi destino y eso me hace esclavo de mi existencia, de mi historia, de mi ejecutoria.
Me asquea vivir así, burgués, conocido, apreciado, querido, entupidamente admirado. No soy nadie así. Todos deberían conocer mis debilidades, mis más oscuros deseos, mis carencias y despreciarme; me sentiría más libre para ser como yo hubiera querido ser…
Pero no puedo evitar que el mundo gire y yo lo haga con él. Soy una pieza, asquerosa, pero pieza de este asqueroso engranaje y no hay salida, estoy atrapado entre otras piezas que quizá se sientan tan asquerosas como yo y que disimulan como yo, ser estupendas piezas sin las que el ¿maravilloso? Engranaje saltaría en mil pedazos.
Llegó a casa y el ascensor no funciona. Algo así de estúpido me hace aterrizar. La vida se reduce a eso, que el ascensor no funcione, lleves dos bolsas y vivas en un ático. Lamentable.
 
1.7.13

2 comentarios:

  1. Estas reflexiones podrías haberlas firmado yo misma...

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  2. Me alegro que aceptases suscribirlas. Um honor que dejes tu apreciable comentario en este humilde blog

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