Circulo moroso por la calle; en
mis auriculares suena brioso Peer Gynt. Me hace caminar a unos cinco
centímetros sobre el pavimento y no escucho los saludos de quien me quiere
saludar. El ochenta y cinco por ciento de los que me cruzo me miran intensos; quieren
saludarme. Me quiere la gente. Por interés o por mi entrega, no se…, tampoco me
preocupa…, pero yo miro al frente y me sumerjo en la cuerda de Grieg.
Me molesta que me quieran cuando
quien debiera quererme no lo hace y quien se que me quiere, no puede
demostrármelo.
La tarde es deliciosa y templada.
El viento de levante no está tan irritado como de costumbre, Eolo, en este mar
entre dos mundos dejaba a Céfiro su lugar para que respirasen las flores. El
cielo es azul y las campanas de las monjas repiquetean llamando a vísperas.
Cambio a Grieg por Monteverdi en mi MP3 y me extasío a todo trapo con las
Vísperas de Nuestra Señora. La gente me sigue saludando mientras supongo que se
preguntan del porqué de mi llanto. Siempre Monteverdi me hace rodar ese mar
salado en miniatura que son las lágrimas mejillas abajo, supongo que de solidaridad, porque de
arrepentimiento hace tiempo que deje de tener. Un día, decidí que solo podría
haberme arrepentido de haber nacido y esa no fue mi responsabilidad. (Tengo que
preguntarle a mi madre porqué no tuvo la tentación de abortarme) hoy no hay
nada de lo que arrepentirse por consiguiente no existe el pecado, ese gran
invento de la alta Edad Media para sujetar a la gente y no se rebelase.
Mientras camino haciendo
inclinaciones de cabeza y levantando levemente la mano para gestualizar los
saludos escucho el alboroto de las bandadas de estorninos entre las voces del canto llano, y me alegra poder
escucharlos. Casi tengo la tentación de entrar a las monjas a sentir el
silencio preñado de incienso, pero tengo demasiadas reservas mentales con la Organización como
para entrar en uno de sus templos y continúo camino hacia casa escuchando las
oraciones de ángeles.
De repente me siento infeliz.
Deseo estar solo. Ahora llegaré a mi casa, cómoda casa, envidiada casa y me da
asco tener que poder ser señalado como alguien privilegiado. Pero es mi destino
y eso me hace esclavo de mi existencia, de mi historia, de mi ejecutoria.
Me asquea vivir así, burgués,
conocido, apreciado, querido, entupidamente admirado. No soy nadie así. Todos deberían
conocer mis debilidades, mis más oscuros deseos, mis carencias y despreciarme;
me sentiría más libre para ser como yo hubiera querido ser…
Pero no puedo evitar que el mundo
gire y yo lo haga con él. Soy una pieza, asquerosa, pero pieza de este asqueroso
engranaje y no hay salida, estoy atrapado entre otras piezas que quizá se
sientan tan asquerosas como yo y que disimulan como yo, ser estupendas piezas
sin las que el ¿maravilloso? Engranaje saltaría en mil pedazos.
Llegó a casa y el ascensor no
funciona. Algo así de estúpido me hace aterrizar. La vida se reduce a eso, que
el ascensor no funcione, lleves dos bolsas y vivas en un ático. Lamentable.
1.7.13

Estas reflexiones podrías haberlas firmado yo misma...
ResponderEliminarMe alegro que aceptases suscribirlas. Um honor que dejes tu apreciable comentario en este humilde blog
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