Con los dedos temblorosos
Saca el hombre del librillo
Su papelillo, muy diestro
Para hacerse su pitillo.
La petaca rescatada de otros tiempos
Reparte ajada la picadura
Y antes que quiera enterarse
Lo enrolla, lo pega, lo enciende
Y ya está recibiendo cura
A los nervios que torturan
Con más saña que el sol
De cuando chico en la escarpada
Apacentaba las cabras
Por los riscos del Señor,
Que era amo, dueño y dios
De las vidas de sus siervos
Y ahora en la cola del paro
Paco se ve más esclavo
Que cuando el Marqués tronaba
Porque no se le acataba
Con sus caprichos infieles
Y tenían que bailar al son que él les marcaba.
Abren al fin la baraja
Paco el corazón acelera,
La boca le sabe a sangre
Tira el cigarro al suelo
Y comienza la dura espera
Agónica espera cegado
Por el dolor del recuerdo
De los suyos que le esperan
Con el evangelio en forma
De días de peonás.
Llega por fin el turno, nervioso,
No se sabe ni sentar,
“¿Y usted que es lo que quería”?
Le pregunta con desdén
Una flacucha sería que había.
Dos lágrimas muy saladas
Que abrasan el corazón
Se despeñan de los ojos
De Francisco por la rabia y el dolor.
“¿Qué voy a querer, malage?”
Solo quiero trabajar
Sacar adelante a mis hijos
Y que mi mujer no vuelva a llorar.
Pues para usted ya no hay nada
Que en esto de trabajar
Lo primero es estudiar
Tratándose de usted además
No lo podría cobrar
Que la ayuda que recibe es generosa…, y a ver
¡Caramba con su pedido!
Tiene ya un hijo que cobra…
“Que no quisiera cobrar”
Responde muy cabreado Paco
Que está malito del parto
En la treintena está
Y nunca he podido escucharle
Ni siquiera llamarme papá.
Y ya me voy yo de aquí,
Que ni en la gañanía del amo
Se me trató como así
Despreciado como hombre,
Que a las cabras del Marqués
Más cariño daba yo
Que el que ustedes dan aquí.
Ya en la calle un Paco digno,
Digno como un Sultán,
Se lía otro cigarrillo
Da una calada profunda
Y grita al frente de todos
Los que esperando están:
Más digno es rebuscar la basura,
Que aguantar patás al alma
Cuando ahí dentro les toque llegar.
Y vuelve su espalda, ufano
Dueño de su hambre y su paz
Que a cualquier precio no vive un hombre
Uno libre de verdad.
22.3.14

Tantas verdades en este poema. Tanta indolencia en la clase política.
ResponderEliminarMe ha llegado, me ha recordado al poeta Miguel Hernández y aquellas ovejas que apacentaba mientras soñaba un mundo mejor.
"¿Y usted que es lo que quería”?
Le pregunta con desdén
Una flacucha sería que había".
Como si la necesidad nada hubiese de querer, como si el respeto pudiese quedar sin respuesta.
Un abrazo.
Comparto por las redes.