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miércoles, 4 de diciembre de 2013

CLONES

Clones



Como cada noche, desde hacía seis meses, a las tres de la madrugada, algo se estremeció en mi corazón otra vez y los ojos se abrieron. El dormitorio frío, inhóspito y caluroso por la calefacción me hacía sudar y sentirme pringoso, sucio y desamparado. Ya habían pasado ciento ochenta largos días desde que tuve que dejarla sola, quieta y pintarrajeada como un payaso, las cosas de los tanatorios, dentro de una caja estúpida, como si su cadáver fuese un regalo caro que luego hay que encerrar en una caja fuerte para que nadie lo robe. Aún resonaban en mis oídos el arrastre chirriante de la caja sobre el suelo sin pulir del nicho y a pesar de taparme con fuerza los oídos el ruido aquel tan desagradable me arañaba las meninges y me hacia llorar desgarradamente. Convertirla en joya para llevarla siempre conmigo me parecía una insolencia y una falta de respeto a la muerte. Quería recuperar para ella la humanidad, que ya la misma humanidad empezaba a negarnos con la posible inmortalidad. Habíamos desentrañado los misterios de la física quántica y a nadie se le había ocurrido poner unos rodamientos a los ataúdes para que no arañasen la sensibilidad de los deudos al empotrar a los seres queridos en su encierro eterno. Como cada noche, cada madrugada fría, me metí bajo la ducha helada; me quedé sin respiración, pero el chirrido cesó en mi cabeza. Con el albornoz puesto dirigí mis pasos, ya era una rutina, hacía el cuarto de costura de Carmen que si bien conservaba todas sus cosas tal y como ella las dejó yo utilicé como refugio, para estar cerca de ella, de su vida, de su amor. Instalé mi equipo de música Pionner que heredé de mi abuelo y él del suyo. Un aparato excepcional: giradiscos, ecualizador, amplificador, buffles con sub.boofer, una joya. Los vinilos los conservaba en un armario hermético, la habitación de costura la transformé en un espacio cerrado con flujo laminar a presión positiva para evitar que el maldito polvo inundase los microsurcos de los discos casi todos de la Deutch Gramophon mas una joya de La Voz de su Amo con grabaciones de Renata Tebaldi, que mi padre compró en una subasta en Londres por una fortuna. Mi padre repetía una y otra vez que de acuerdo, la música en formato digital bajada de la nube era como estar en la sala de conciertos, pero los vinilos tenían el aroma de los ágiles dedos de violinista o el pianista en grabaciones centenarias e irrepetibles. Hacia como siglo y medio que ya toda la música era perfecta, compilada y sintetizada según las bases de datos de las formas de interpretar de todos los clásicos de tres siglos atrás, pero los vinilos permitían captar el alma del interprete y eso era lo que desde hacia generaciones hacíamos en casa, escuchar música de humanos, no de artilugios.
Necesitaba animarme y el Presto a base de madera del primer movimiento de la Tempestad di mare Op. 8 nº 5 de Vivaldi en irrepetible grabación de 1961 iba a cumplir con su función a la perfección.
El vibrante arranque del oboe, el fagot y la flauta me sacó del estado de apatía y dolor y dio fuerzas para llorar la ausencia. Le había prometido que no, pero rompería la promesa. Su recuerdo me servía de coartada para mancillar cualquier compromiso, ella lo entendería. Y se me vino a la cabeza mi imagen con ocho años.

Yo de pie, en el umbral de la sala de audición de mi padre. En el mismo equipo que yo usaba ahora, se escuchaba Finlandia de Sibelius. Seguramente la rotundidad de la madera de Vivaldi en el Presto me recordó el apoteósico comienzo de percusión y metal de la obra más nacionalista jamás compuesta a principios del siglo XX, tres siglos atrás. Mi padre en su sillón de audición con los ojos cerrados percibió seguramente mi presencia y detuvo la audición.
- ¿Te gusta, hijo?
- Mucho papa.
- Cuando tengas que tomar una grave decisión en tu vida, recurre al lenguaje de los dioses. Que sea la música la que te aconseje; no dejes que una frase en apariencia inteligente, intente enseñarte el camino, te confundirá, el lenguaje hablado lo inventó el hombre para engañar sobre donde ir a cazar. Un acorde sin embargo no se presta a equivoco, lo que te sugiera eso será la realidad, un contrapunto te señalará el sentido de tu dirección.

Mi padre tenía razón el arranque del concierto nº 5 me había susurrado cual debería ser mi actuación, sin espacio a la duda o a la sospecha de equivocación. Estaba seguro. De inmediato me quedé profundamente dormido. Recuperé la calma.

Los primeros rayos entraban por el ventanal de levante cuando las persianas comenzaron a cerrarse para mantener la oscuridad, pero ya mis ojos habían percibido la luz del día.
- Que entre la luz – di la orden a las persianas que detuvieron su viaje y regresaron hacía su tambor – detente ahí – y las persianas se detuvieron.
Los rayos del sol en la cara me elevaron la moral.
Salí del cuarto de costura seguido de una suave brisa que impedía que el polvo entrase en la habitación. La puerta se cerró impenetrable tras de mí.
En la sala paseando arriba y abajo di varias órdenes:
- Haz café, lo quiero solo y con diez gramos de azúcar. Dos tostadas. Aceite de oliva virgen extra de 0,5º.
- En seis minutos y doce segundos estará preparado – contestó la casa.
- Genestore – dicté en voz alta a continuación.
El ventanal que daba a poniente se oscureció y apareció una imagen de persona joven y sonriente, no humana a todas luces aunque intentaba parecerlo.
- Genestore. Por favor su identificación.
Me acerqué al lector de cornea un segundo
- Buenos días Don Francisco, lamentamos la perdida de su señora. En que podemos ayudarle.
- Deseo clones mío y de Doña Carmen con un plan de acción para que se encuentren a los dieciocho años en la Universidad y podamos reeditar nuestra vida. No soporto su ausencia. En cuanto a mí, deseo hacer el seguimiento hasta que se conozcan.
- Sabe usted – hizo la admonición la imagen – que no podrá interferir en el desarrollo de estos clones, la ley es muy estricta en este punto. Les buscaremos familias homologas a las que ustedes tenían pero no garantizamos que su relación se reedite.
- Lo se. Únicamente quiero hacer el seguimiento hasta que lleguen a la Universidad y se conozcan como hicimos nosotros. ¿Cómo van ustedes de avanzados en la inserción de vivencias?
- Estamos en fase III y no podemos garantizarlo. Cuando usted firmó el contrato esa cláusula no formaba parte del mismo porque era solamente un proyecto.
- No importa.
- Deseará usted seguir viviendo después de los dieciocho años o le programamos también la extinción.
- Sin programación de extinción. Me moriré cuando me toque. Solo quiero saber que ellos empiezan una vida juntos.
- De acuerdo. Tengo que recordarle que cualquier tipo de interferencia, voluntaria o fortuita con los clones por su parte supondrá su extinción inmediata según el protocolo EX/67-NCR-42Y. ¿Estaba al tanto?
- Estaba al tanto.
- Pasamos a comprobar el estado de conservación de sus respectivos cordones para la obtención de células para la clonación. No se retire.
Pasaron escasos segundos.
- Conforme. Los cordones umbilicales conservados de Doña Carmen y suyos están en perfectas condiciones. ¿Cuando desea que comience el proceso?
- Inmediatamente.
- La facturación con cargo a…
- Mi seguro de clonación que contraté con ustedes.
- Paso a la comprobación. De acuerdo. Está al día. Le iremos informando de los pasos. ¿Querrá usted asistir a los partos?
- No, solo que se me informe de los destinos de los niños y del plan general de acción.
- Correcto señor. En este momento damos orden de que comience el proceso. En nueve meses sus clones estarán en el mundo en unas familias homologas a las que ustedes tuvieron. Buenos días.
El ventanal de poniente se aclaró y permitió ver como la luz se iba adueñando del cielo e inundando de luz solar la habitación. Las luces artificiales se apagaron suavemente.
Francisco se dejó caer sobre una cheslón y sonrió relajado y feliz. La voz envolvente y melodiosa de la casa le anunció que tenía el desayuno preparado.

4.12.13


 

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