El Dolor es el Motor de la Felicidad.
A mi edad. Nunca habría imaginado un cataclismo así, después de no se que cuantos hijos, varios y ya zagalones nietos y una vida de moderado éxito, profesional y personal. Y ahora...
Nada de lo que hacemos o en lo que participamos es inocuo o no tiene repercusiones solo hace falta el dispositivo de arranque adecuado para que un motor, que ni sabíamos que existía se ponga en marcha y sin saber donde tiene el pedal de freno nos haga estrellarnos contra el muro de una realidad que negamos y a la que nos negamos a aceptar.
Por partes. Coqueteo ya con la octava década de mi vida y sospecho que mucho más allá no alcanzaré a llegar. Se entretiene uno con actividades inocentes, como twitter. Pero no, no nos engañemos, nada es inocente; y leí: "que peligroso que me besaran en mis mejillas una tez suave y en la otra una barba mullida..." seguía más el tweet pero ya no alcancé a leerlo, porque como si de un viaje en el tiempo se tratara me encontré en el Aula Juan de la Encina dando saltos escuchando música celta con mis amigos Asun (ya andábamos nosotros tonteando) y Andrés que también le hacía tilín.
Asun era una mujer excepcional, rotundez en las carnes, una sonrisa franca y una voz de ángel. Escucharla Alfonsina y el mar, era llorar a moco tendido y desear consolarla a ella que con su guitarra a cuestas se la cantaba a quien se lo pidiese. Asun era así, y si te decía que quería tener sexo oral contigo ("solo me interesa de ti el sexo oral, Pedro") no podías tomártelo a mal, porque no había más morbosidad en ello que el mismo hecho sexual. Como si te decía que había quedado con una amiga para acariciarse mutuamente y por eso no podía ese día salir contigo, y lo decía sin el menor asomo de sonrojo. Pero si le decías que bonito llevaba el pelo, o lo bien que le sentaba el poncho se ruborizaba y hasta lloraba de apuro. Diría que mi amiga Asun era tan libre e inocente como una Eva en el paraíso.
Andrés, de familia de abolengo (no voy a decir de donde, que se sabría de quien hablo) era un larguirucho, rompetechos desgarbado, muy inteligente y volcado en sus estudios. Le presionaba mucho tener que dar la talla ante toda una saga de profesionales de éxito, desde el bisabuelo hasta él que era en ese momento al que le tocaba tomar el estandarte de la familia. Por eso quizá andaba siempre como despistado y ensimismado en su mundo.
De mi ¿Qué decir? Vida de balarasa, con cara de monaguillo del Vaticano pero con más peligro que un chimpancé con metralleta, hasta que, ya mayorcito me di cuenta que ese no era camino y me centré en estudiar. Por ser unos años mayor que los demás y una experiencia de vida (mala vida) a años luz llamaba la atención, de unas y de otros, que llevaba yo un bagage que me permitía darme cuenta de lo que pasaba y no pasaba a mi alrededor (cuando dije lo de balarasa incluye, las palizas de mi padre, las lagrimas de mi madre y las peleas del colegio y lo sucedido tras la expulsión, pero eso es ya otra historia, que decía Kipling)
En esa época de mi vida, sin embargo yo era ejemplar.
Pero volvamos a aquella noche en Juan de la Encina. Se acercaba fin de curso, Andrés y yo sabíamos ya hasta el numero de matriculas que nos iban a dar, y Asun el numero de suspensos (Asun era así, sabía que en ello le iba la beca con la que poder seguir estudiando, pero su sonrisa no se le caía de la cara) teníamos suficiente cerveza en el cuerpo como para estar desinhibidos y el grupo irlandés que tocaba música celta se lució. Estábamos todos eufóricos.
Hubo un momento en que Andrés por un lado y yo por el otro besamos las mejillas de Asun lo mas cerca que pudimos cada uno de sus comisuras. Y hubo un instante, un parpadear de ángel, un aleteo de mariposa que Asun nos dijo con su sempiterna sonrisa: "Ahora vosotros, que los hombres también se quieren y nos empujó las cabezas suavemente hasta que nuestros labios, los de Andrés flanqueados por su rala barba y los míos solo por el bigote que en aquellas fechas llevaba, se fundieron en un beso. Pero no fue un beso robado, fugaz, huidizo, no. Fue un beso consentido, en el que me vi sorprendido porque Andrés me sostuvo con sus manos la cabeza. Nunca lo habría imaginado, la verdad. Fueron quince segundos, no más, se insinuaron las lenguas y cuando parecía que la cosa iba a mayores, Asún dijo "Bueno, chicos, que yo también quiero" y soltó una de sus carcajadas limpias y espontaneas. Andrés se separó de mi boca sin soltarme la cabeza, a muy corta distancia me horadó los ojos con una mirada intensa, lo noté y se separó. Ya no volvió ni a mirarme a mi ni a Asun, ya no saltó ni palmoteó más y en cuanto acabo el concierto se disculpó y se fue.
Desde aquella noche Andrés tomo otro camino; quedaba un curso para acabar la carrera y su hermano mayor le había insistido en empezar a preparar las oposiciones antes de terminar. Asun se quedó retrasada de curso y desapareció unos meses. Se fue con otro bardo, al que yo conocía de lejos, a cantar por ahí. Yo acabé mi carrera y me fui a ejercer lejos.
Ese tweet me trajo a la memoria aquel beso dado con conocimiento de causa a otro hombre. Ya con la edad, puedo tomarme la libertad de desechar el alcohol o la euforia como justificante de aquello. Yo se lo que sentí en ese instante, como se que Andrés también lo sintió. Supongo que en la década de los setenta, dejarse llevar por según que sensaciones, podía ser complicado y la sensatez se impuso ayudada por continuar un camino ya desbrozado por decenas de generaciones en lugar de querer meterse en un jardín espantoso de ausencia de senderos y plagado de carnívoras.
Hoy, no me arrepiento de la vida que he llevado ni del camino ¿fácil? y no me queda ya mucho tiempo para dolerme del giro que pudo haber tomado mi vida con fondo de música de flauta y violín.
Con mi hija pequeña en el mundo, Asun se hizo con mi dirección y me mando una carta sencillamente pornográfica, haciendo memoria de nuestros encuentros y como podrían ser en un futuro. Se la enseñé a mi mujer, antes de que la tentación (Asun era tremenda en la cama) hiciese presa en mi aún juventud treintañera. Mi mujer se encargó de contestarla, no sin antes montarme un dos de Mayo y Asun desapareció para siempre. Tampoco me arrepiento de eso.

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